Geon, un usurero aficionado, llega para cobrar una deuda, solo para encontrarse con una chica despistada. Para asegurarse de que su jefe cobre, Geon recibe la orden de mantener a la despistada contadora, Gyeong-i, a su lado hasta que su empleador, un moroso, reaparezca. Se suponía que sería una simple vigilancia, pero la constante torpeza de Gyeong-i los obliga a estar muy cerca unos de otros. Una caída accidental y Geon termina con las manos enredadas en sus piernas sedosas y brillantes. Puede que Geon nunca cobre el dinero, pero sin duda está a punto de conseguir algo más.