—Está jodidamente delicioso.
Mientras comía distraído, escuché la voz de Jeong Hwangyu. Al mirarlo de reojo, vi que devoraba la comida con avidez, como si nunca hubiera hecho aquel escándalo. Mi mente, que estaba llena de pensamientos confusos, comenzó a calmarse poco a poco al verlo comer con tanto gusto. Después de todo, a nadie le disgusta que disfruten de lo que uno cocina.
Por suerte, mi talento culinario seguía intacto. Si no hubiera sido jefe mafioso, quizá habría terminado como chef. Lo empecé como un pasatiempo, pero incluso llegué a obtener un certificado.
Nacido como hijo de una familia mafiosa, crecí con comodidad y riqueza, y de joven probé todo lo que quise. La cocina fue una de esas cosas.
“Come bien, sí que come bien.”
Con ese cabello rubio, me recordaba a un golden retriever.
Aunque su carácter era todo lo contrario, claro. Observé su pelo dorado que se movía y volví a perderme en mis pensamientos.
<Un romance secreto con la sirvienta> era una novela para adultos centrada en la protagonista, que era precisamente una sirvienta. En esa historia, Park Gyumin, un simple personaje secundario, era huérfano. Para ganarse la vida, entraba como sirviente en una familia mafiosa que pagaba bien. Aunque era tímido y miedoso, se aferraba con uñas y dientes a ese trabajo para sobrevivir. Hasta que un día llegaba otra sirvienta, que resulta ser la protagonista.
“La protagonista…”
Ella era presentada como un personaje radiante, ingenuo como el sol. Pero en realidad era una mujer astuta y calculadora, que fingía ser positiva y pura porque había crecido sin sombras, creyendo que todos eran como ella. En verdad, era fría, realista y estratégica. Su llegada a la familia mafiosa no era casual: había sido enviada por otra organización, prácticamente como una espía.
Su objetivo era obtener información y seducir a los hermanos de la familia, uno por uno. Cada paso de ese proceso era atrevido y provocador, lleno de escenas de seducción explícita. La historia se construía sobre ese juego de manipulación y deseo.
“Por eso… Omega.”
La razón por la que podía seducir con el cuerpo era que la novela tenía un elemento fantástico: el universo Omegaverse.
Yo mismo lo descubrí al leerla.
“Omegaverse.”
En ese mundo existía un tercer género además de hombre y mujer: Alfa, Omega y Beta. Los Alfa eran los más destacados, con mayor fuerza o inteligencia. Los Omega, en cambio, eran delicados, con un aire femenino, y aunque fueran hombres podían quedar embarazados. Los Beta representaban a la gente común, hombres y mujeres sin rasgos especiales.
Alfa y Omega podían liberar feromonas tan intensas que hacían perder la razón y desatar el deseo mutuo. Además, tenían ciclos de celo, rut y celo, durante los cuales se comportaban como bestias incapaces de controlarse.
Los hermanos mafiosos de esta familia eran todos Alfa. Para evitar problemas, contrataban únicamente sirvientes Beta. Por lo tanto, Park Gyumin también debía ser un Beta. Pero la protagonista, al infiltrarse, ocultaba que era Omega. Y con sus feromonas excitaba a los hermanos, provocando que la desearan y cayesen en su juego. Así, uno por uno, los convertía en sus hombres.
Ese proceso era tan intenso que resultaba excitante de leer. Y el personaje en el que yo había terminado atrapado, Park Gyumin …
Era un Beta que, pese a todo, caía rendido ante el encanto de la protagonista. Un extra destinado a la desgracia.
“Si Hwangyu me buscó a mí y no a la protagonista… significa que ella aún no ha aparecido.”
Así que mis opciones eran claras: intervenir en la historia original… o no hacerlo.
La manera más sencilla de no intervenir sería dejar el trabajo de inmediato. Al fin y al cabo, toda la trama del libro giraba en torno a los hermanos de esta familia mafiosa. Pero, siendo realistas, abandonar ahora mismo era imposible. Primero debía comprobar si este mundo era realmente idéntico al mío. Y aunque saliera de la casa, sin recuerdos propios de Park Gyumin , no tendría a dónde ir. Además, quién sabe: quizá, cuando la novela llegara a su final, yo podría regresar a mi mundo.
Era una hipótesis improbable, pero bastante convincente.
Después de todo, entrar en esta historia ya había sido algo absurdo; ¿por qué no podría salir de ella de manera igualmente absurda?
“Bien. Aguantemos, entonces.”
Si evitaba a la protagonista, apenas tendría contacto con ella. Podía pensar que estaba aquí solo para observar la trama, vivir tranquilo y, llegado el momento de la muerte del personaje, encontrar la forma de esquivar ese destino.
Decidí verlo con optimismo.
—Ajá, estuvo delicioso. Hazlo siempre así.
Al parecer mi cocina le había gustado: Jeong Hwangyu, que antes se comportaba como un perro rabioso, ahora sonreía satisfecho. Yo asentí con desgana y llevé los platos al fregadero para lavarlos.
Hacía tiempo que no fregaba. Pero ahora era sirviente, así que debía acostumbrarme.
“Bueno, ¿qué hago a continuación?”
Me sequé las manos con una toalla y pasé junto a Hwangyu, que seguía allí sin moverse, para regresar a la habitación donde había despertado por primera vez. Quería repasar con calma el contenido del libro.
Lo que hacía la protagonista…
Aparte de seducir a los hermanos, en realidad lo único que hacía era ayudar un poco con las tareas que Park Gyumin ya realizaba. En resumen, él cargaba con todo, mientras ella era tratada como una princesa por los protagonistas y por el pobre extra que era Gyumin .
—¡Oye! ¿No vas a despertar a Jeong Hwanyeong? Si se retrasa más, va a llegar tarde.
En ese momento, una voz a mis espaldas me hizo detenerme. Quién lo diría: Jeong Hwangyu también podía ser de ayuda.
Seguramente me veía actuar de manera extraña y por eso me lo señaló. Jeong Hwanyeong era el cuarto hermano de la familia, prácticamente un extra como yo. Apenas aparecía en la historia: un niño de siete años, travieso y malhumorado, que asistía al jardín de infancia. Sus padres habían muerto temprano y los tres hermanos mayores eran tan indiferentes que nadie lo cuidaba realmente, lo que lo había vuelto bastante rebelde.
—Oh, gracias.
Al darme la vuelta para agradecerle, Hwangyu se sobresaltó y fingió desinterés.
—…Ya que me ayudas, déjame preguntar otra cosa. ¿Dónde está la habitación de Hwanyeong?
—¡Ah, maldita sea! ¡De verdad deberías ir al hospital! ¡Tienes problemas en la cabeza!
Sabía lo que debía hacer, pero no tenía idea de dónde estaba la habitación de Hwanyeong.
Con descaro pedí ayuda otra vez, y aunque Hwangyu tenía un carácter terrible, al final me lo indicó entre insultos. Gracias a eso pude encontrar la habitación sin problemas.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
“¿Este es el lugar correcto?”
La casa era tan grande que tuve que recordar con cuidado las indicaciones de Hwangyu para llegar. Por suerte estaba en la misma planta, la primera. Cerca había unas escaleras, lo que indicaba que había más pisos. Según mi memoria, debía de ser una vivienda de tres plantas.
“¿Tengo que limpiar todo esto yo solo?”
Con un tamaño así, parecía lógico que hiciera falta otra sirvienta.
Toc, toc, toc.
Me detuve frente a la puerta de Hwanyeong y llamé. Desde dentro no se escuchó nada.
—Voy a entrar.
Sabía que no respondería, así que abrí la puerta sin dudar.
Al entrar en la habitación, las cortinas cerradas hacían que al principio solo distinguiera siluetas difusas. Poco a poco, mis ojos se acostumbraron a la penumbra y comenzaron a identificar las formas.
“¿Será ese niño?”
Sobre una cama tan grande que podrían tumbarse tres adultos, había un pequeño sentado bajo las mantas. A pesar del ceño fruncido, su rostro redondeado y sus mejillas infladas lo hacían ver adorable.
—Qué tierno.
—……¿?
—Ah, disculpe, joven señor. Es hora de ir al jardín de infancia.
Imité el tono servicial de Park Gyumin en la novela. Con Jeong Hwangyu ya había hablado con descaro, pero con Hwanyeong, siendo la primera vez y además un niño, lo mejor era mantener la normalidad. Los pequeños se estresan con cualquier cambio.
Hwanyeong me miró con gesto hosco, pero se levantó. Ya estaba vestido con el uniforme del jardín, como si lo hubiera preparado de antemano.
“Obediente, más de lo que pensaba.”
Con la mochila lista, el niño comenzó a caminar delante de mí, con una expresión inexpresiva impropia de su edad. Yo lo seguí, observando su espalda.
—Señorito, debería desayunar primero.
Hwanyeong negó con la cabeza.
—Bueno, entonces no importa.
Menos mal. No había preparado nada…
Suspiré aliviado en silencio, pero de pronto sentí una mirada punzante. Al girar la cabeza, vi que Hwanyeong me observaba con intensidad.
“¿Por qué me mira así?”
La mirada llena de desagrado me hizo pensar que quizá había hecho algo mal, pero antes de poder preguntar, Hwanyeong giró bruscamente la cabeza y siguió caminando delante de mí.
—Eh, ¿ya despertó el mocoso?
Jeong Hwangyu, sentado en el sofá viendo la televisión, le habló con familiaridad. Hwanyeong lo ignoró y se dirigió en silencio a la entrada, donde sacó sus zapatos y se los puso.
—Mira qué crío tan maleducado… ¿Qué, qué pasa?
En lugar de responderle, lo miré fijamente. Por suerte, Hwangyu percibió la amenaza oculta en mi mirada y cerró la boca. Una palabra más y habría pensado seriamente en callarlo a golpes. ¿Cómo podía hablar así delante de un niño? Yo mismo estaba cuidando mis palabras…
—Oh, ¿vamos juntos, señorito?
En ese momento, Hwanyeong abrió la puerta y salió. Me apresuré a seguirlo. Frente a la casa esperaba un coche negro. Un hombre alto, que parecía guardaespaldas, se acercó con naturalidad y ayudó al niño a subir al vehículo.
Me quedé mirando la escena, inmóvil. El hombre ni siquiera me dirigió una mirada; simplemente subió al niño y arrancó de inmediato.
“…Esta escena.”
Me resultaba familiar. En la novela, cuando Park Gyumin explicaba cómo enviar a Hwanyeong al jardín de infancia, también ocurría lo mismo: el niño y el guardaespaldas se marchaban sin más, en medio de la explicación.
Que el niño fuera así, pase. Pero ese guardaespaldas insolente… ¿No sabía respetar a los mayores? Quizá algún día tendría que darle una lección. Pensaba que la edad me había vuelto más calmado, pero al rejuvenecer parecía que mi antiguo temperamento explosivo intentaba salir de nuevo.
“…Tranquilo. Mantén la calma.”
Entonces recordé que, en todo el trayecto, Hwanyeong no había pronunciado una sola palabra. ¿Acaso hablaba en la novela? No lo recordaba bien.
En la historia, Hwanyeong era apenas un personaje olvidado: el hermano menor, triste y rebelde, que terminaba desapareciendo de la trama.
La protagonista tampoco le prestaba atención. Estaba demasiado ocupada con los tres hermanos mayores, y trataba a Hwanyeong como si no existiera. Bueno… salvo una única vez, cuando mostró interés en él.
¡El episodio del secuestro de Jeong Hwanyeong!
“…Bueno, eso todavía está muy lejos.”
Pensé que era un episodio que no tenía nada que ver conmigo, así que regresé tranquilamente a la casa.
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