“Vaya, qué susto…”
Después de darle gachas a Jeong Hwanhee y decirle que descansara, salí de la habitación del motel.
Incluso con los ojos cerrados ya me parecía atractivo, pero al abrirlos y conversar, se notaba que no era protagonista por casualidad. Aunque yo también era hombre, lo primero que pensé al verlo despertar fue: “Es guapo”. Con eso estaba todo dicho.
“Me miró con esa voz fría y dura, con ojos llenos de desconfianza, ¿verdad?”
Sin embargo, a pesar de la mirada afilada, su tono resultó sorprendentemente cortés, y esa contradicción me pareció divertida. Por supuesto, para evitar que sospechara, adopté una expresión despreocupada y hablé en tono informal, algo que normalmente no hacía. Por suerte, parecía no haber notado que yo era el sirviente.
“Con una semana de cuidados bastará.”
Por su estado, ese tiempo sería suficiente. No estaba tan grave como parecía. Más tarde tendría que cambiarle las vendas, prepararle comida… ocupado, ocupado. Como sirviente, ahora tenía una tarea más.
“Primero debo preparar el desayuno de Hwangyu y Hwanyeong.”
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
—Que le vaya bien, joven señorito.
Tras llevar a Hwanyeong al jardín de infancia, me estiré y me quedé pensando. Hwangyu había salido, Hwanyeong acababa de irse, y Hwanseo no aparecía desde ayer. Aunque era un fin de semana en el que Hwanhee no había venido, todos seguían con su rutina como si nada.
En realidad, eso significaba que Hwanhee solía faltar a sus compromisos. Ser jefe mafioso era así: una vida intensa y ocupada. Yo también había vivido de esa manera. Cuando asumí el cargo de jefe, no había diferencia entre día y noche: lidiar con bandas rivales, gestionar los negocios de la organización… solo trabajo, trabajo y más trabajo.
¿Le llevo el almuerzo? No… seguramente estará durmiendo ahora. Apenas hace poco comió gachas y le dejé la medicina. Aunque, por la mirada desconfiada que tenía, lo más probable es que no la haya tomado…
“Un momento. ¿Qué preparo para la cena?”
¿Otra vez crema de calabaza?
Hwanyeong parecía no cansarse nunca de ellas, pero Hwanhee era distinto. Por cómo comió antes, quizá podría mezclar más arroz. En casa había carne… ¿y si intentaba hacer gachas de pollo con ginseng?
Sí, aunque Hwanyeong las comiera con gusto, no podía darle siempre lo mismo. Hoy probaría con las gachas de pollo, y pondría las de calabaza aparte. Vería si las aceptaba o no.
“Primero, comencémos con la limpieza…”
Me puse a limpiar con diligencia. Ahora estaba solo y ocupado, pero cuando llegara la protagonista femenina tendría una mano más, y todo sería más fácil. A diferencia del torpe Park Gyumin , yo sí sabría aprovecharla. Al fin y al cabo, cobraba el mismo sueldo: había que darle trabajo. ¿Cuándo aparecería? Según recordaba, entraba en verano…
“…Oh, ¿ya se lo comió todo?”
Sin darme cuenta, el tiempo había pasado rápido. Preparé la cena para Hwanyeong al volver del jardín de infancia, y por suerte las gachas de pollo también le gustaron: las terminó por completo. Bien. A partir de ahora no solo le daría calabaza, sino distintos tipos de gachas. Con el tiempo, acabaría comiendo arroz normal.
Tras fregar los platos, regresé a mi habitación. Era hora de salir. Preparé apresuradamente lo necesario y me dirigí a la calle.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
“…¿Está dormido?”
La habitación del motel estaba a oscuras. Toqué la puerta, pero no hubo respuesta. Entonces entré en silencio.
La habitación del motel estaba a oscuras. Toqué la puerta, pero al no escuchar respuesta, entré en silencio.
—¿Ha llegado?
Mi presencia fue detectada: la voz, fría como el hielo, provenía de la cama. Al encender la luz confirmé que Jeong Hwanhee no dormía. Con el rostro pálido, me miraba con una expresión dura.
Era lógico que estuviera a la defensiva, pero aun así, ¿no era yo quien le había salvado la vida? Su mirada era demasiado fría. Sin embargo, en el breve tiempo que había estado fuera, parecía haber recuperado algo de fuerzas: antes ni siquiera podía sentarse, y ahora estaba recostado contra la pared.
“Su capacidad de recuperación es impresionante.”
—Bueno. ¿Cómo te sientes?
—Estoy bien.
—Me alegra. Toma, come esto.
Le ofrecí el termo con gachas de pollo y ginseng. A diferencia de la primera vez, cuando dudó con las de calabaza, esta vez las aceptó sin resistencia.
Observé de reojo las vendas: estaban manchadas de sangre. Tendría que cambiarlas después de que terminara de comer. Mientras sacaba los medicamentos de la bolsa, escuché su voz, con un matiz de sorpresa:
—…¿Es usted cocinero?
—¿Por qué? ¿Está rico?
No respondió, pero el silencio era afirmación suficiente. Al parecer, mi cocina le había gustado. Que alguien tan desconfiado hiciera esa pregunta era buena señal. Y sí, cocinar era algo en lo que tenía confianza.
Cuando vi que había terminado hasta el último grano, subí a la cama con las vendas en la mano.
—¿Qué está haciendo?
Al verme acercarme, Hwanhee me miró con ojos llenos de recelo, como un lobo herido. Me encogí de hombros para transmitir calma y le mostré las vendas.
—Voy a cambiarte esas vendas empapadas de sangre y a aplicar medicina. Si no lo hago, no sanarás.
—…Entendido.
Aunque sus palabras eran tranquilas, su expresión era tan afilada que parecía querer matarme. ¿No le dolían los ojos de tanto mantener esa mirada?
“Solo voy a tratarte, solo a tratarte…”
Con cuidado, le quité las vendas. Por suerte, la herida cosida estaba intacta, sin abrirse.
—Aguanta, aunque duela.
—Ugh.
Le apliqué desinfectante y luego pomada. El dolor lo hacía apretar los dientes, hasta que finalmente dejó escapar un gemido débil. No había remedio, así sanaría más rápido.
Tras aplicar la medicina con esmero, me acerqué aún más para envolverle el abdomen con nuevas vendas. La herida estaba en el vientre, así que no había otra opción que pegarme a él. Sentí cómo se tensaba, incómodo por la cercanía.
“Está sudando frío…”
El dolor había provocado que el sudor descendiera por su clavícula, resbalando por su pecho firme. Al estar tan cerca, mis ojos siguieron involuntariamente el recorrido de esas gotas.
No eran solo unas pocas, corrían en hilos.
“Eso me esta molestando un poco.”
Pensé que debía limpiarlas antes de que mojaran las vendas. Detuve un momento mi trabajo y, con la otra mano, las limpié mientras bajaban por su pecho.
En ese instante:
—¡Ugh, que-qué está haciendo!
Su voz, llena de sorpresa, vino acompañada de un gesto brusco que me apartó.
—No, solo estaba intentando limpiarte el sudor…
Con los ojos abiertos de asombro, señalé su pecho, donde las gotas brillaban.
Me sentía injustamente acusado.
Jeong Hwanhee me miraba como si fuera un sinvergüenza, hasta que finalmente notó que su torso estaba empapado en sudor. Sus ojos se agitaron, sorprendido.
—Debí avisar antes, si te asusté, lo siento.
No esperaba que reaccionara con tanta sensibilidad.
—…Está bien.
Giró bruscamente la cabeza. Entonces vi que sus orejas se habían teñido de rojo. Al parecer había malinterpretado mi gesto, creyendo que tenía una intención indebida. Entre hombres, ¿qué sentido tendría eso?
Como parecía incómodo con que lo limpiara con la mano, me levanté, tomé una toalla y comencé a secarle el cuerpo.
“Se estremeció.”
Una y otra vez.
“Vaya… qué exagerado.”
No era una novia recién casada, ¿por qué se estremecía tanto?
Parecía como si estuviera acosando a un chico ingenuo.
Pensaba que solo Hwanseo era sensible, pero Hwanhee también lo era, y mucho.
Con ese cuerpo imponente… y aun así, ni siquiera me miraba.
Con el rostro enrojecido, miraba a lo lejos, evitando mi presencia. Resoplé, tiré la toalla a un lado, terminé de vendarlo y me aparté rápidamente. Al alejarme, su expresión se relajó visiblemente.
—Toma bien la medicina. Mañana te traeré el desayuno. No te muevas innecesariamente, o la herida se abrirá de nuevo. Descansa tranquilo.
—Sí.
Respondió dócilmente. Le hice un gesto con la mano, arreglé de manera rápida la cama y me dispuse a salir para que pudiera descansar. En ese momento, Hwanhee me llamó.
—Oiga.
—¿Eh? ¿Por qué? ¿Necesita algo?
—¿Podría decirme su nombre? Esta deuda debo pagarla.
Por su expresión, parecía más que quisiera vengarse que agradecer.
Tras dudar un momento, abrí la boca:
—Kim Hanyul.
—…¿Kim Hanyul?
—Sí. Ese es mi nombre. Ahora descansa.
Era la primera vez en mucho tiempo que pronunciaba mi verdadero nombre. Mientras me alejaba, escuché la voz de Jeong Hwanhee repitiendo en voz baja: “Kim Hanyul…”. Y me dirigí de regreso a la casa.
No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!