—Eh, eh… ¿Hoy vamos al club?
—…¿Al club?
Hwangyu, medio adormilado durante la clase, respondió automáticamente a su amigo Kim Min-su cuando este lo abordó en el descanso. El cabello teñido de rojo de Min-su parecía más llamativo que nunca.
—Sí, vamos. Es viernes, ¿no? Seguro habrá un montón de chicas guapas.
Hwangyu bostezó. Siempre iban al club, ¿qué podía haber de nuevo? Bailar, rozarse, divertirse un poco… no estaba mal, pero después de un par de veces ya resultaba aburrido.
Empezaba a cansarse. Además, la comida de esos lugares nunca tenía buen sabor.
“Aunque no quiera admitirlo… la comida del sirviente es la mejor.”
Al pensar en la comida, de inmediato me vino a la mente el sirviente. Al principio no era nada especial. Un sabor común. Solo lo comía porque, después de hacer ejercicio, desayunar se había convertido en un hábito, y lo hacía casi por obligación.
Pero desde hace un tiempo, su manera de hablar y de actuar cambió por completo, y con ello el sabor de la comida también mejoró de forma sorprendente.
El problema era que había mejorado demasiado. Ahora estaba más rica que cualquier cosa que pudiera comprar fuera. Antes, siempre cenaba fuera de casa, pero últimamente, cuando me apetecía la comida casera, incluso llegaba a volver a casa solo para cenar.
La comida que preparaba el sirviente era así de deliciosa.
“Comer frente a frente y conversar… tampoco está mal.”
Al principio le resultaba incómodo, pero últimamente lo disfrutaba bastante.
Quizá le gustaba esa mirada indiferente. Y, sobre todo, porque era bastante atractivo.
“No… ¿será que en realidad es muy guapo?”
Siempre con la cabeza baja y temblando, nunca lo había notado. Pero al observarlo con más atención en los últimos días, descubrió que era realmente hermoso.
Un rostro tan blanco que parecía bañado en leche, con cabello negro azabache. Rasgos delicados y unos ojos enormes.
Cuando esas pupilas negras, como incrustaciones de obsidiana, brillaban distraídamente, resultaban tan bellas que él mismo se sorprendía mirándolas embobado.
Nada que ver con la gente que veía en los clubes.
“Si al menos fuera un Omega, podría intentar algo…”
Encajaba con su gusto, y por un momento pensó en acercarse. Pero había un problema: era hombre.
Él tenía sus propias reglas. Los hombres Omega estaban bien, pero los Beta… no.
Además, pronto llegaría su época de celo.
—¡Hwangyu!
Quizá por pensar demasiado en el sirviente, le pareció escuchar su voz, llamándolo con urgencia desde algún lugar.
“Vaya, lo que me faltaba…”
No había dormido bien la noche anterior, así que pensó que estaba empezando a escuchar tonterías.
Siempre había oído la voz del sirviente llamándolo con su tono apagado, pero nunca con urgencia.
“Bueno, no suena mal… ¿haría ese mismo sonido en la cama?”
De pronto esa idea cruzó su mente.
El sirviente en la cama…
Al imaginarlo deteniéndolo con desesperación, sintió un extraño cosquilleo.
“Vaya, estoy pensando de todo…” Se rió para sí mismo, hasta que volvió a escuchar la voz, esta vez sin lugar a dudas.
—¡Hwangyu, dónde estás!
—…¿Eh? ¿El sirviente?
¿Era realmente él?
En ese momento lo vio: el sirviente corría hacia él a toda velocidad, con una expresión que lo heló.
¿Qué demonios pasaba para que viniera así, como si quisiera matarme?
—¡Reúne a toda la gente que conozcas, ahora mismo!
—¿Qué? ¿De qué hablas de repente? ¿Y cómo supiste que estaba aquí? ¿Por qué viniste?
La situación era tan inesperada que Hwangyu no podía ocultar su desconcierto.
—¡Hwanyeong ha sido secuestrado!
—…¿Qué?
—¡Que Hwanyeong ha sido secuestrado, idiota!
Hwangyu, al comprender por fin las palabras del sirviente, se quedó paralizado.
—Tengo que ir a buscar a tus otros hermanos. Tú reúne a toda la gente que conozcas y revisa los alrededores. Si lo encuentras, llama al 010*******. Me voy.
Con esas palabras, el sirviente volvió a salir corriendo.
—…¿Quién era? Qué guapo… No, espera, ¿qué acaba de decir? ¿Hwanyeong? ¿Ese no es tu hermano menor?
De pronto, las noticias de la mañana cruzaron su mente.
Además, el sirviente había ido hasta su universidad. No podía ser mentira.
—…Hay que encontrarlo.
—¿Qué?
—¡Tenemos que buscarlo ya! Reúne a todos los que conozcas, ahora mismo.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
—Ahh, estuvo tan bien… Hagámoslo una vez más, ¿sí?
Hwanseo miraba al Omega que estaba sobre su cuerpo. Derramaba feromonas y suplicaba con gemidos que continuaran. Era el mismo con quien había pasado la noche anterior. Con el cuerpo lleno de marcas rojas, se aferraba como una bestia.
Era una imagen intensa, incluso atractiva… pero solo hasta cierto punto.
“No… esto no es lo que busco.”
Aquel Omega que había visto antes era distinto. Con solo percibir un instante el aroma de sus feromonas, había sentido un deseo tan intenso que se lanzó sobre él como una bestia. Era un perfume embriagador.
Era la sensación de “este es mi Omega”. Una certeza que no encontraba en el que ahora estaba frente a él.
“¿Será que aquello no fue más que una ilusión del ciclo de celo?”
Como un espejismo. Por más que buscara, era imposible de encontrar.
Ahora pensaba que quizá no había sido más que una fantasía creada por su propia mente.
Creyó que lo hallaría pronto, pero la realidad fue otra. Nadie lo había visto, no aparecía en ninguna cámara de seguridad. Como si se hubiera evaporado, desapareciendo sin dejar rastro, salvo en su memoria.
Chup, chup, chup.
—Ahh, me encanta… tus feromonas son tan buenas…
El Omega, embriagado por el aroma, levantó las caderas y comenzó a moverse.
Hwanseo lo observaba con una mirada lánguida, cuando de pronto se escucharon golpes violentos en la puerta.
—…¿Qué pasa? Justo ahora que iba a disfrutar.
El Omega desconocido frunció los labios, intentando volver a concentrarse en el acto, pero los golpes resonaron de nuevo, aún más fuertes.
La puerta parecía a punto de romperse. El Omega, asustado, retrocedió y miró a Hwanseo.
“Aburrido.”
El Omega de sus fantasías había sido distinto.
Con decisión, incluso lo había golpeado en medio de su propio celo.
Aunque, claro, un Omega enfrentándose a un Alfa… eso no podía ser real.
“¿De verdad ese Omega no existe?”
Hwanseo miró hacia la puerta y, tambaleándose, se levantó de la cama.
La habitación 1234 de aquel hotel era prácticamente suya. Iba tan seguido que todos los empleados lo conocían.
Por eso estaba seguro de que no era un trabajador del hotel quien lo buscaba. ¿Sería alguien que se había confundido de habitación?
Pero los golpes sonaban demasiado desesperados para ser un simple error.
Con curiosidad, abrió la puerta sin llevar más que un hilo de ropa encima.
Al hacerlo, apareció un rostro desconocido frente a él.
“Nada mal…”
¿Sería un Omega que se había equivocado de habitación?
Un rostro blanco como la leche, con ojos negros que brillaban como el cielo nocturno.
Tan atractivo que inconscientemente se relamió los labios. ¿Sería su cuerpo tan interesante como esa cara?
—Señor Hwanseo.
—¿Eh? ¿Me conoces? Pero… eres increíblemente guapo. ¿Tienes tiempo para divertirte conmigo?
Con un gesto seductor, liberó feromonas mientras se acercaba.
El hombre no mostró la menor reacción, ni siquiera frunció el ceño, y Hwanseo ladeó la cabeza con desconcierto.
“Parece un Omega… pero debe de ser un Beta.”
—…Cállese y vaya a vestirse ahora mismo. Su hermano Hwanyeong ha sido secuestrado. En un secuestro, el tiempo es vital. ¡Hay que buscarlo de inmediato!
—¿Qué?
El rostro de Hwanseo se endureció ante aquellas palabras.
—…¿Qué es esto? Si es una broma, no tiene gracia.
Sus feromonas se tornaron ásperas.
El hombre lo miró fijamente y repitió con firmeza:
—¿Le parece que esto es una broma? Reúna a toda la gente que conozca y desplíeguelos por la zona. ¡Ahora mismo! Y mantenga el teléfono encendido, no lo apague, maldito imbécil.
Al principio había hablado con calma, pero poco a poco su voz fue subiendo de tono, hasta terminar gritando con insultos. Luego se dio la vuelta y salió corriendo.
Hwanseo lo observó atónito. El Omega que estaba con él se acercó.
—¿Qué pasa, cariño? ¿Quién era?
—Quítate de encima.
Apartó con brusquedad al Omega que se le pegaba al brazo y se dirigió rápidamente a la cama, rebuscando en los pantalones tirados en el suelo.
En el teléfono había múltiples llamadas perdidas: de Hwangyu, de la guardería de Hwanyeong, incluso del 112. Todo confirmaba que no era una broma.
No, no lo era.
—…Mierda.
Los ojos de Hwanseo, siempre adormecidos, se llenaron de furia.
No sabía quién era el responsable…
“Pero quien haya tocado a nuestro pequeño… lo mataré.”
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