Close
   Close
   Close

Transmigré como sirviente en una novela +19 de un ex jefe mafioso - Capítulo 16

Ya había encontrado a Hwangyu y a Hwanseo. A Hwanhee era más difícil localizarlo, así que corrí primero a la guardería, donde uno de sus subordinados esperaba sin saber nada, a la hora de salida de Hwanyeong.  

 

Le expliqué toda la situación.  

 

El subordinado se quedó horrorizado y partió de inmediato.  

 

Seguramente iba a informar a Hwanhee del secuestro de Hwanyeong. Entonces, él también se uniría pronto.  

 

De este modo, los tres hermanos ya estaban al tanto del secuestro.  

 

Me limpié con brusquedad el sudor que me corría por la frente. Por suerte mi cuerpo se había rejuvenecido; de lo contrario, ya me habría desplomado varias veces mientras corría.  

 

Recuperando el aliento, volví a pensar.  

 

Bien… ¿qué más puedo hacer ahora?”  

 

Le di vueltas a la cabeza.  

 

¿Solo quedaba esperar?  

 

En realidad, aunque no hiciera nada, Hwanyeong regresaría. Al fin y al cabo, igual que yo, era un personaje secundario. Pero en la historia original tenía un papel indispensable, como un condimento que da sabor a la trama.  

 

Lo sabía. Con la razón lo entendía.  

 

Pero aun así… me preocupaba el trauma que Hwanyeong sufriría al ser secuestrado.  

 

Este mundo ya no era simplemente el de un libro; para mí se había convertido en una realidad tangible. Y no quería que un niño ya tan herido sufriera más.  

 

¿Un secuestro a esa edad…?  

 

Además, si esto era una historia previa al original, significaba que Hwanyeong volvería a ser secuestrado después de la llegada de la protagonista.  

 

Entonces… sería demasiado cruel. ¿Cuánto trauma podría soportar?  

 

Debo encontrarlo rápido.”  

 

Eso era lo mejor que podía hacer ahora. Pero no había manera de saber dónde estaba, y esa impotencia me desesperaba.  

 

Con el corazón ardiendo, me quedé con el teléfono en la mano, esperando que alguien llamara. Pero pasaba el tiempo y seguía en silencio.  

 

Eso solo podía significar que aún no lo habían encontrado. No me quedaba más que dar vueltas, nervioso.  

 

En ese instante, un lugar cruzó mi mente.  

 

No puede ser allí… pero…”  

 

Era mejor comprobarlo que quedarse quieto. Corrí hacia el sitio que había recordado.  

 

  ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ

 

—Hah… hah…  

 

El lugar al que llegué era una fábrica abandonada, no muy lejos de la guardería de Hwanyeong.  

 

Había venido porque, en la novela original, ese era el escondite donde lo mantenían tras el secuestro. Quizá ahora, en otro momento, no estuviera allí… pero valía la pena comprobarlo.  

 

Tal vez, con suerte, lo encontraría. Era como aferrarse a un clavo ardiendo.  

 

Corrí desesperado por el interior de la fábrica. Pero, como temía, no había nadie.  

 

Aun así, no pude evitar sentir la decepción. Había guardado una pequeña esperanza.  

 

—Lo sabía…  

 

¿Será que no es aquí…?  

 

Con el rostro sombrío, hice un último repaso del lugar y me disponía a salir.  

 

En ese instante.  

 

—Uhmm…  

 

Un gemido tenue resonó apenas en mis oídos. Contuve la respiración y cerré la boca, concentrándome en el sonido. Pero ya había desaparecido.  

 

Podía haber sido solo el maullido de un gatito. Sin embargo, no podía soltar el último hilo de esperanza.  

 

¿Y si lo ignoraba y en realidad no era un gato, sino Hwanyeong?  

 

Había corrido varias veces por los alrededores, no tenía razón para no comprobarlo.  

 

Me dirigí hacia el lugar de donde creía que había venido el sonido.  

 

“¿Qué es esa puerta…?”  

 

Entre bolsas de basura apiladas, descubrí una pequeña rendija. Al acercarme, vi que era una puerta. Una que antes había pasado por alto.  

 

Jamás habría imaginado que aquí hubiera otra entrada. Me acerqué lentamente y giré la manija.  

 

Criiiic.  

 

Por suerte, no estaba cerrada con llave.  

 

Al abrirla, apareció un pequeño espacio. Dentro, con la boca y el cuerpo envueltos en cinta adhesiva, estaba Hwanyeong, con los ojos hinchados y llorando.  

 

Me quedé horrorizado y grité:  

 

—¡Señorito!  

 

—Mmm… ¡Mmm! ¡Mmm!  

 

Corrí hacia él de inmediato.  

 

Al acercarme, en sus ojos llenos de miedo y desesperación apareció un leve destello de alivio. Sentí que el corazón se me desgarraba.  

 

Con cuidado, comencé a retirar la cinta de su boca y de su cuerpo.  

 

Acariciando su espalda para tranquilizarlo, le pregunté:  

 

—Señorito, ¿está bien? ¿No se ha lastimado en ningún sitio? ¿Le duele algo?  

 

—Uh… uh… ¡Uaaah!  

 

Hwanyeong no pudo articular palabra y rompió a llorar. Con sus pequeñas manos, como brotes tiernos, se aferró a mí mientras sollozaba, y mi corazón se encogió.  

 

¿Cuánto miedo habría sentido este niño, solo en aquel almacén vacío?  

 

—Está bien, está bien, señorito. Todo terminó. Ya no tiene que preocuparse. Yo lo protegeré.  

 

Lo abracé y lo mecí suavemente, esperando que se calmara.  

 

En ese momento, el teléfono sonó con un trii-ri-ri-ri. Hwanyeong, asustado incluso por ese pequeño ruido, tembló en mis brazos.  

 

Me apresuré a decirle que no pasaba nada, que todo estaba bien.  

 

—Tranquilo, es solo el sonido del teléfono. Voy a contestar un momento. ¿Hola?  

 

[¡Oye! ¿Encontraste a Hwanyeong? ¿Quién demonios se lo llevó? ¿Dónde estás? ¡Lo hemos buscado por todas partes y no aparece! ¡Qué hacemos, es mi hermano!]  

 

Siempre tan inútil… y ahora gritando como loco.  

 

Era Hwangyu quien llamaba. Seguramente, tras buscar desesperado sin resultados, decidió marcarme como último recurso.  

 

Su voz, áspera como si hubiera tragado vapor de una caldera, resonó tan fuerte que incluso Hwanyeong la escuchó. Sus ojos se abrieron de par en par, dejando atrás las lágrimas, llenos de curiosidad.  

 

Me pareció adorable, así que acerqué el teléfono para que pudiera oír mejor.  

 

—Cállate. Ya lo encontré. Ven aquí. Es la fábrica abandonada cerca de la guardería.  

 

[¿¡Lo encontraste!?]  

 

—Sí. Date prisa.  

 

Por el ruido de fondo, parecía que no estaba solo. Con esas palabras, colgué la llamada.  

 

Tenía que sacar a Hwanyeong de allí. Ni un minuto más quería permanecer en ese lugar.  

 

Pero si me levantaba de golpe podía asustarse.  

 

—Señorito.  

 

Hwanyeong no respondió. Solo me miraba con ojos llenos de inquietud.  

 

—Voy a levantarme con usted en brazos y salir afuera. ¿Está bien?  

 

Antes de que terminara de hablar, asintió rápidamente con la cabeza. Se notaba que lo único que quería era escapar de allí cuanto antes.  

 

Con su permiso, lo abracé con cuidado y me puse de pie. Hwanyeong se aferró a mí como un pequeño koala, decidido a no soltarme.  

 

En otra situación no lo diría, pero… era adorable.  

 

Avancé despacio, procurando que no se sobresaltara.  

 

De pronto, escuché voces de un hombre y una mujer que venían desde más allá.  

 

—¿Qué pasa? ¿Por qué hay tanta gente por aquí? Normalmente a esta hora no hay tantos.  

 

—La policía ya está por todas partes. Y esos tipos con cara de pocos amigos… ¿y también estudiantes universitarios? Con tanta gente será difícil manejarlo. ¿No hiciste bien la investigación?  

 

—¿Por qué me gritas? ¿Es mi culpa? Seguro hay algún evento hoy.  

 

—Bah, da igual. Metámoslo en esta maleta de viaje y luego al maletero del coche. Así nadie sospechará. Dejarlo aquí es peligroso, mejor moverlo… ¡Eh, tú! ¿Quién demonios eres?  

 

Mientras conversaban, los dos se acercaron y al verme se quedaron helados. Por lo que decían, y por cómo desviaban la mirada nerviosos, comprendí de inmediato que estaban implicados.  

 

—…Oh, ya veo. Ustedes son los culpables, ¿verdad?  

 

No había duda: eran los mismos criminales que habían aparecido en las noticias.  

No pedían rescate; eran de esos miserables que venden niños o los usan para tráfico de órganos.  

Gente sin derecho a seguir viviendo.  

 

—¡Q-qué hacemos, hermano!  

 

—Tranquila. Solo es un tipo. Podemos encargarnos de él.  

 

Mientras la mujer se ponía pálida, el hombre rebuscó en su bolsillo y sacó un cuchillo.  

 

—¡Deja al niño en el suelo y arrodíllate! ¡Si no, los mato a los dos!  

 

¿Un cuchillo…?  

 

Un cachorro que no sabe lo que es un tigre…”  

 

—¿Me amenazas con un cuchillo y no con un arma? Te has equivocado de persona.  

 

Sentí la sangre hervir después de tanto tiempo. Y, como si nada, volví a mostrar una mirada amable mientras colocaba suavemente a Hwanyeong detrás de mí.  

 

Separado de mí, el niño me miró con ojos llenos de miedo.  

 

Le acaricié la cabeza con cuidado y le dije:  

 

—Señorito, gírese, cúbrase los oídos con las manos, cierre los ojos y cuente hasta cien. Cuando termine, todo esto habrá acabado.  

 

Con el rostro aterrorizado, negó con la cabeza. Lo miré a los ojos y repetí varias veces que estaría bien, que podía confiar en mí.  

 

Era normal que un niño, tras haber sido secuestrado, temiera esta situación.  

 

—No se preocupe. Confíe en mí, ¿sí?  

 

—¡Maldito! ¿Crees que esto es un juego?  

 

En ese instante, el hombre se lanzó hacia mí.  

 

Con calma, giré a Hwanyeong para que se diera la vuelta.  

 

Por suerte, decidió confiar en mí y enseguida se tapó los oídos con ambas manos. Al verlo, me tranquilicé.  

 

El hombre se lanzó hacia mí con el cuchillo, pero le golpeé la mano con una patada y lo hice soltarlo.  

 

—¡Argh!  

 

—¡Hermano!  

 

El cuchillo salió volando. El hombre se sujetó la mano con dolor, mientras la mujer corría hacia él, desesperada.  

 

Yo los miré y, con una amplia sonrisa, dije:  

 

—Bien… aún quedan 99 segundos.

Dejanos tu opinion

No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!