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Transmigré como sirviente en una novela +19 de un ex jefe mafioso - Capítulo 20

—Ah, qué aburrido.  

 

¿No habrá algo divertido?  

 

Hwanseo, como siempre, había pasado el día en un hotel divirtiéndose sin medida con Omegas, y no regresó a casa hasta bien entrada la tarde.  

 

Pero al volver, la casa estaba completamente silenciosa.  

 

“¿No hay nadie en casa?”  

 

Hwanseo echó un vistazo rápido. El silencio llenaba el lugar.  

 

Aburrido, pensó en el sirviente. Además, sentía un poco de hambre…  

 

Hwangyu había elogiado tantas veces la comida del sirviente que quería probarla, pero entre tanta diversión lo había olvidado. Quizá era buen momento para pedirle que le preparara algo.  

 

Con esa idea en mente, decidió buscar la habitación del sirviente.  

 

Mientras caminaba por el pasillo, fue observando las puertas una por una.  

 

Esta es la de Hwanyeong, aquella está vacía… Ah, debe ser esta.”  

 

Sin siquiera llamar, abrió la puerta de golpe.  

 

Dentro había una manta extendida, pero nadie en la habitación.  

 

“¿Habrá salido a hacer compras?”  

 

Dudó un instante y se quedó en la entrada, echando un vistazo al interior.  

 

Estoy aburrido… ¿y si curioseo un poco?”  

 

En la mente de Hwanseo no existía la idea de que aquello fuera una falta de respeto. Al fin y al cabo, esa casa era suya.  

 

Bueno, estrictamente hablando, era de su hermano, pero para él daba igual: lo consideraba lo mismo.  

 

Con un pensamiento algo descarado, Hwanseo entró en la habitación y la inspeccionó. Sin embargo, a diferencia de su intención de curiosear, dentro no había gran cosa.  

 

Un armario y un espejo.  

 

El aspecto tan pobre de la habitación hizo que la exploración terminara enseguida, y Hwanseo chasqueó la lengua.  

 

Mi hermano no debería contratar a un segundo sirviente, sino cambiar primero esta habitación. ¿Qué es esto? No hay nada. Además es estrecha. Y pensar que él fue el principal responsable de salvar al pequeño… Mi hermano no tiene nada de sentido común en estas cosas.”  

 

Criticando en silencio la falta de sensibilidad de Hwanhee, Hwanseo volvió a recorrer la habitación con la mirada.  

 

Bueno, no hay nada interesante.”  

 

La visita no había tenido nada especial, y el sirviente seguía sin aparecer.  

 

Siempre desaparece cuando más lo necesito.”  

 

Al final, renunció a buscarlo y se dirigió a su propia habitación.  

 

Con su expresión habitual de desgano, subía las escaleras, pero al llegar al segundo piso sus pasos comenzaron a acelerarse.  

 

Su rostro cambió poco a poco.  

 

“…¿Qué es este aroma?”  

 

Era tenue, pero inconfundible.  

 

Entre sus propias feromonas, se mezclaba el dulcísimo aroma de un Omega.  

 

Al principio pensó que era una ilusión.  

 

Todos sus hermanos eran Alfas: desde el mayor, Hwanhee, hasta el tercero, Hwangyu. Incluso Hwanyeong, aunque aún era joven, tenía altas probabilidades de ser Alfa también.  

 

¿Un Omega en esta casa?  

 

Mientras dudaba, de pronto le vino a la mente la imagen del Omega que había encontrado aquella vez en sus fantasías.  

 

Recordaba su comportamiento poco delicado, su manera de hablar masculina y despreocupada, y unas feromonas tan intensas que podían hacerlo perder el control solo con el olor.  

 

Ese Omega que no sabía si había desaparecido hacia el cielo o se había hundido en la tierra…  

 

“¿Será posible…?”  

 

La sospecha se volvió insoportable.  

 

Hwanseo subió apresuradamente al tercer piso.  

 

Con cada paso, el aroma que antes era tenue se volvía más fuerte. Solo con respirarlo, sentía cómo su cuerpo se tensaba.  

 

Sin darse cuenta, pasó la lengua por sus labios.  

 

Ese olor que había buscado tanto tiempo… ahora emanaba con fuerza, como si lo hubiera estado esperando.  

 

¡Y provenía de su propia habitación!  

 

El corazón de Hwanseo latía con violencia, como si fuera a estallar.  

 

En su mente flotaba un único pensamiento:  

 

“¡Mi Omega…!”  

 

¡Había vuelto para encontrarlo!  

 

Corrió hasta la puerta y la abrió de golpe.  

 

—Ha…  

 

Al entrar, exhaló un suspiro profundo sin poder evitarlo.  

 

El aroma de un Omega en celo lo envolvió de inmediato, mareándolo.  

 

Hwanseo aspiró con fuerza, intentando recuperar el aliento.  

 

—Huff… huff…  

 

Aunque no estaba en su ciclo de rut, su respiración se volvió agitada y la saliva se le escapaba por la comisura de los labios.  

 

Su cuerpo, endurecido, clamaba por liberarse dentro de sus pantalones.  

 

Apoyado contra la puerta, su mirada se dirigió instintivamente hacia la cama.  

 

Allí, bajo las mantas, alguien se ocultaba. De ese lugar emanaban la respiración entrecortada y el aroma intenso.  

 

Hwanseo no podía apartar la vista. Instintivamente sabía que dentro de esas mantas estaba su Omega.  

 

Hwanseo titubeó como si estuviera borracho, pasó la lengua por los labios y, a tientas, llevó la mano hacia atrás para cerrar la puerta con un chasquido. 

 

Los ojos de Hwanseo brillaban. 

 

Por fin lo encontró. No había sido una alucinación. Era un omega de verdad.

 

 “No lo dejaré ir. Vino por su propia voluntad. Ahora es mío. Lo voy a follar aquí mismo todos los días hasta dejarlo embarazado”. 

 

Hwanseo no se dio cuenta de que su forma de pensar no era nada normal. 

 

Simplemente, consumido por un deseo de posesión abrumador, una obsesión y un estado de excitación, avanzó hacia la cama como si estuviera hechizado. 

 

Sus feromonas y las del omega empezaban a mezclarse lentamente. 

 

La sensación de éxtasis y satisfacción que nunca había sentido con ningún otro omega se hacía más y más intensa a cada paso que daba. 

 

Hwanseo fijó su mirada en la cama, que no se movía excepto por el sonido de su respiración y su aroma, y abrió la boca con una voz llena de expectación y excitación. 

 

—…Precioso, ¿has vuelto a por mí?

 

En el instante en que extendió la mano para agarrar la que se ocultaba bajo las cubiertas, el mundo de Hwanseo se dio la vuelta en un segundo. 

 

—¡Ugh!

 

Antes de que pudiera reaccionar, la cara de Hwanseo se estrelló contra el colchón. Y entonces, el omega se montó sobre su espalda. 

 

‘¿Qué omega tiene tanta fuerza?’.

 

 Ya lo había notado antes, pero era demasiado fuerte para ser un omega.

 

 Nunca había perdido en un pulso, y aun así lo tenían inmovilizado tan fácilmente…

 

 Quería escapar de aquel agarre en ese mismo instante, para ver la cara del omega, cubrir sus labios con los suyos y devorar su cuerpo por completo, pero el hecho de estar completamente inmovilizado lo hacía temblar tanto que sentía que estaba enloqueciendo.

 

Hwanseo sintió cómo su cabeza zumbaba de pura excitación y se revolvió. 

 

Pero por más fuerza que hizo, su postura no cambió. 

 

Después de intentar liberarse un par de veces, Hwanseo abandonó rápidamente la idea de vencer al omega por la pura fuerza.

 

Tenía que cambiar de táctica.

 

Tendría que engatusarlo para comérselo….

 

Tras controlar su respiración, Hwanseo se dirigió al precioso con una voz suave y seductora, como si intentara convencerlo con halagos. 

 

—Precioso… ¿No estás cansado? Puedo hacerte más cómodo. ¿Sí?

 

—Cá…llate.

 

Entonces, escuchó la voz del precioso, llena de poder y mezclada con un gemido ronco de excitación. Qué voz tan bonita tiene el precioso. Pero es tan terco…. Por supuesto, eso también le encantaba….

 

‘Bueno, el hecho de que me tenga atrapado no significa que no tenga opciones’.

 

Hwanseo empezó a liberar sus feromonas con toda su fuerza.

 

 Una oleada de feromonas, cargada con el deseo de arrojarse sobre él y de poseerlo, emanó de su cuerpo. Sintió cómo el cuerpo del precioso, encima de él, temblaba como si vibrara.

 

‘Ah, mierda. Me pone duro. Estoy volviéndome loco’.

 

Quería montarse en ese cuerpo que temblaba en ese mismo instante, forzarle a abrir las piernas y tomarlo.

 

 Seguro que dentro, un agujero bien mojado lo estaría esperando.

 

 Si bajara sus pantalones y su ropa interior y metiera su miembro en ese agujero que goteaba, se sentiría increíble, ¿verdad?

 

Hwanseo apretó los ojos con fuerza y los volvió a abrir. Con solo imaginarlo, se había humedecido por debajo.

 

Fue entonces cuando escuchó, desde arriba, una maldición mezclada con un gemido, como si le costara trabajo contenerse.

 

—Ah, mierda…

 

Bien, ya no faltaba mucho.

 

Para meter su miembro en el resbaladizo agujero del precioso.

 

Hwanseo, como si esperara con ansias, sacó la lengua y se lamió los labios.

 

Entonces, vio las piernas del precioso.

 

Tenía la cara aplastada contra la cama, pero las manos estaban libres. 

 

Quizás no podría llegar a sus piernas, pero sí a sus tobillos. 

 

Además, el pantalón se le había subido, dejando al descubierto unos tobillos blancos y definidos. 

 

El pensamiento y la acción fueron casi simultáneos.

 

Alargó la mano en esa dirección y el cuerpo del precioso crujió al moverse.

 

—¡Quédate quiet-! ¡Ay!

 

‘…Vaya, el precioso hasta tiene los tobillos bonitos’.

 

Se le ocurrió que no sería mala idea dejarle una marca de posesión en esos tobillos para que nunca más pudiera escapar, y luego rompérselos y quedárselos como un trofeo.

 

Hwanseo empezó a construir en su cabeza el esbozo de todo tipo de planes.

 

—Haa, ah.

 

Entonces, como si finalmente hubiera alcanzado su límite, el cuerpo del precioso se inclinó. Un aliento caliente rozó la nuca de Hwanseo.

 

—Ah…

 

‘…Esto, a su manera, podría estar bien’.

 

Sintió cómo el aliento caliente recorría todo su cuerpo y sintió como si fuera a estallar. 

 

Justo cuando pensaba que le encantaría que el precioso sacara la lengua y lamiera su cuello, empezó a oírse el desgarrarse de su ropa, acompañado de una blasfemia ronca y como si ya no pudiera contenerse más.

 

La ropa, que se empezó a rasgar por la espalda, terminó atándole las muñecas y, de paso, le cubrió los ojos.

 

—…¿Precioso?

 

En un instante, atado y a ciegas, Hwanseo sintió cómo su cuerpo era volteado. 

 

Y aunque apenas podía ver, se sintió abrumado por la ardiente mirada que sentía venir desde arriba. 

 

Aunque había probado todo tipo de juegos, algo así era la primera vez que lo vivía. 

 

Estaba tan cerca que el denso aroma de sus feromonas le mareaba. Hwanseo, por instinto, se lamió los labios.

 

‘…¿Qué es esto?… ¿Me está dominando el precioso?’.

 

Pero… también le gustaba.

 

Le encantaba. 

 

Le gustaba hasta volverle loco. 

 

No importaba qué, solo quería más, más y más. 

 

Con la expectativa del éxtasis que estaba por venir con el precioso, Hwanseo esperó pacientemente su siguiente movimiento.

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