Los nobles ya sabían que Lloyd tenía una amante.
Pocos lo criticaban por ello, ya que muchos nobles tenían amantes propias.
Pero eso solo era aceptable en privado.
Jamás se toleraba en público, donde todos debían mantener la fachada propia de la nobleza.
Uno de los nobles no pudo contenerse y habló.
—¡¿Cómo se atreve una plebeya a venir hasta aquí sin conocer su lugar…?!
Los delicados hombros de Lyrica se tensaron.
En el pasado, habría retrocedido asustada ante esas palabras. Pero ya no.
—El duque está intentando romper las barreras del estatus por mí, y yo también lo estoy haciendo por él —declaró Lyrica con intensidad en sus grandes ojos—. El estatus no importa, porque el duque y yo nos amamos de verdad… y yo seré su esposa…
—¡Eso es suficiente! ¡Cállate! —gritó Lloyd.
Su apuesto rostro se deformó como si hubiera sido arrojado al barro.
Mirando a Lyrica, desconcertada por aquella expresión desconocida, Lloyd habló con dureza.
—Lárgate de aquí ahora mismo.
—Duque… yo…
—¡¿Qué están esperando?! ¡Saquen de aquí a esta loca!
Ante el grito de Lloyd, las sirvientas que estaban en una esquina corrieron y arrastraron a Lyrica fuera del salón.
—¡Duque! ¡Duque! —sollozó ella entre lágrimas, pero Lloyd ni siquiera volvió a mirarla.
No tenía tiempo para eso.
Debía encontrar alguna forma de explicar lo ocurrido a los nobles, cuyos rostros parecían los de espectadores decepcionados tras una obra barata.
Y, observando todo desde la distancia, estaba Killian.
Lyrica llorando mientras era expulsada del salón.
Y Lloyd sonriendo de manera forzada dentro de él.
Aquella escena le recordó a Artia cuando fue a verlo.
La mirada satisfecha con la que había hablado de aquel divorcio imposible.
—Espero que no piense simplemente llorar hasta dormirse y luego divorciarse.
Un destello de interés cruzó los ojos dorados que momentos antes parecían aburridos.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
Al mismo tiempo, Artia, encerrada en su habitación, murmuró:
—Ahora mismo deben estar entrando en pánico.
Podía imaginar la escena sin necesidad de verla.
Lyrica expulsada del salón.
Lloyd solo, disculpándose.
“Solo le di un poco de atención y perdió la cabeza hasta hacer semejante ridículo. ¿Qué puede estar pensando una simple plebeya…?”
Los nobles se reirían frente a Lloyd.
Y también hablarían a sus espaldas.
“Tanto presumir trayéndose a su amante a casa. Por la manera en que habla, parece creer que es una duquesa.”
“Tsk, tsk, tsk.”
A los nobles no les importaba quiénes fueran sus concubinas.
Plebeyas, extranjeras, esclavas.
Cada quien tenía gustos distintos para sus juguetes.
Pero en el momento en que una amante desafiaba la autoridad noble, todo cambiaba.
—La ira de los nobles no se dirigirá solo a Lyrica… también caerá sobre Lloyd.
Artia miró por la ventana.
Desde allí pudo ver a Lyrica siendo llevada de regreso a la mansión por los sirvientes, llorando como una niña.
—Bien hecho, Lyrica.
Ahora que el pequeño pájaro había encendido la chispa… era momento de convertirla en un incendio.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
Lloyd creyó haberle cortado todas las alas a Artia encerrándola en una habitación.
Qué hombre tan estúpido.
Artia envió en secreto una carta a través de Elma.
La destinataria era la baronesa Penelope.
—Qué sorpresa… La señora Edenberg me envió una carta.
Penelope era muy sociable, pero jamás había conocido personalmente a Artia.
No tenía idea de qué podía tratarse.
Momentos después, su rostro se volvió tan rojo como su cabello mientras leía la carta.
—¿El duque de Edenberg encerró a su esposa para vivir como marido y mujer con su amante?
El esposo de Penelope había sido un mujeriego incorregible. Prácticamente vivía sola mientras él iba de una amante a otra.
Detestaba la idea de los hombres casados con amantes.
Un resoplido áspero escapó de la elegante dama.
—Ya bastante asqueroso y vulgar es eso. No puedo detener a un lunático empeñado en convertirse en basura podrida, pero esto ya cruzó la línea.
Al menos no debía tocar a su esposa.
Era lo mínimo que podía hacer por ella.
Penelope, de carácter explosivo, se vistió inmediatamente con sus mejores ropas y fue a la mansión Edenberg.
Las sirvientas se sorprendieron al verla aparecer sin previo aviso.
—He venido a ver a la duquesa de Edenberg —anunció Penelope.
Los ojos de las doncellas se abrieron de par en par.
Era la primera vez que Artia recibía una visita, y mucho menos de una joven noble de su misma edad.
La sirvienta recuperó la compostura y se inclinó.
—Mis disculpas. Mi señora no se ha sentido bien últimamente y le resulta difícil recibir visitas.
Normalmente, cualquier noble se habría marchado al escuchar eso. Consideraban indigno discutir con alguien de clase inferior.
Pero Penelope, con los brazos cruzados, no retrocedió ni un paso.
—Solo será un momento. Guíame hasta ella, es importante.
Su voz era firme, y dejaba claro que pensaba verla ese mismo día.
Sin embargo, las sirvientas no cedieron, y Penelope terminó abandonando la mansión sin siquiera ver un cabello de Artia.
Penelope apretó los labios rojos y murmuró:
—Es exactamente como decía la carta.
Era evidente que Artia estaba prácticamente secuestrada por su propio esposo.
Penelope ya detestaba a Lloyd desde antes.
No bastaba con humillar públicamente a su esposa; ahora además había llevado a una amante plebeya a vivir en la mansión.
—Bastardo.
La preocupación por Artia y el resentimiento hacia su propio marido infiel se mezclaron hasta hacerla explotar.
Penelope comenzó a contárselo a las mujeres cercanas a ella.
—El duque de Edenberg encerró a la duquesa en su habitación para quedarse a solas con su amante. ¿Cómo pudo hacer algo así?
Aunque al principio estaban impactadas, las mujeres le creyeron.
Penelope no era alguien que inventara historias sin motivo, y además lo ocurrido con Lyrica en el salón hacía que todo pareciera posible.
La idea de una esposa encerrada y una amante intrigante era demasiado tentadora para ignorarla.
Cada vez que se reunían, las mujeres hablaban del duque de Edenberg.
—El duque debe querer casarse de verdad con esa plebeya, porque para que una chica común irrumpa en un salón noble diciendo que será su esposa…
—¿Están seguras de que la señora Edenberg sigue viva? Tal vez la mató hace tiempo y ocultó la verdad para jugar a la familia feliz con su amante.
Con el paso de los días, los rumores se volvieron cada vez más exagerados, y el rechazo hacia Lloyd aumentó.
Y al mismo tiempo, la opinión pública comenzó a inclinarse a favor de Artia.
ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ
Cuando Lloyd entró al salón de baile, un silencio extraño lo recibió.
Las mujeres que normalmente le sonreían y se acercaban permanecían alejadas, cuchicheando entre ellas.
Al notar el ambiente, el rostro de Lloyd se endureció.
—Pensé que esto desaparecería en unos días, pero los rumores sobre Lyrica no dejan de crecer.
Nadie se atrevía a hablar directamente frente al duque de Edenberg, pero las miradas que le dirigían eran diferentes.
Lloyd apretó los dientes.
—Tengo que acabar con estos malditos rumores de alguna manera.
¿Debía sacar a Artia y fingir una relación cordial?
No.
La Artia actual era una bomba de tiempo. No sabía qué podría decir frente a todos.
Era mejor mantenerla encerrada, incluso si seguía diciendo cosas extrañas.
Y aparte de Artia, solo había una persona capaz de salvar la situación.
Lyrica entró en la habitación de Lloyd.
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