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Buscando al marido de la duquesa - Capítulo 9

Los ojos de Lloyd se abrieron de par en par.

Como si jamás hubiera escuchado esa palabra antes. Como si nunca hubiera imaginado que alguien se atrevería a decírsela.

Y tenía buenas razones para reaccionar así.

El Imperio contaba con un sistema de divorcio, pero entre la nobleza era prácticamente un tabú.

Incluso cuando una pareja deseaba divorciarse, no era sencillo conseguirlo. Todos los matrimonios y divorcios nobles debían ser aprobados por el emperador.

Y el actual emperador jamás había concedido un divorcio.

Ni una sola vez en sus veintinueve años de reinado.

No era que nadie lo hubiera intentado, pero todos habían fracasado.

Por eso Lloyd soltó una risa torcida.

—¡Jajajaja!

Se inclinó hacia Artia y la sujetó por la barbilla.

Su rostro era tan cruel que parecía dispuesto a devorarla.

—Adelante, divórciate de mí.

—Si lo que quieres es separarte de mí, sería mucho más fácil colgarte antes que conseguir un divorcio.

ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ

Apenas Lloyd salió de la habitación, Vivi entró apresuradamente.

El rostro normalmente inexpresivo de Vivi se quebró al ver a Artia tirada en el suelo.

La ayudó a levantarse mientras decía:

—Iré a buscar un médico de inmediato.

—Está bien.

—Entonces traeré medicina.

Artia se frotó la mejilla roja e hinchada.

—No hace falta. Me vería todavía más miserable usando algo así. Solo prepárate para salir.

Vivi observó el rostro inflamado de Artia con evidente preocupación, pero obedeció sin protestar.

Por fortuna, Lloyd no intentó impedir la salida de Artia.

Era algo que ella esperaba.

Para Lloyd, Artia no era más que un gusano escondido bajo tierra.

Y nadie presta atención a un pequeño gusano cuya única habilidad es retorcerse.

Pero pronto Lloyd se arrepentiría de su arrogancia.

Sentada dentro del carruaje, Artia observó a lo lejos a través de la ventana.

Podía ver a Lloyd abrazando a una Lyrica llorosa.

—Qué asco.

Con aquella impresión sobre la conmovedora reunión de la pareja de cucarachas, Artia subió al carruaje.

La sensación del vehículo avanzando le resultaba extraña.

Debe ser porque llevo mucho tiempo sin salir.”

Artia jamás abandonaba la mansión a menos que fuera obligada.

Siempre permanecía encerrada en su habitación leyendo.

Por eso su piel era tan blanca como el papel.

Y sus muñecas tan delgadas como las de un niño.

Artia chasqueó la lengua y abrió la ventana.

La brillante luz del sol y una fresca brisa inundaron el carruaje.

Qué bien~. Los seres humanos necesitan la luz del sol.

Pero la juvenil sonrisa de Artia desapareció en cuanto el carruaje llegó a su destino.

Aquel lugar.

El Palacio Imperial, hogar de los nobles más arrogantes y poderosos del Imperio.

El Palacio Imperial.

ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ

Días atrás, Artia había enviado cartas a doce personas.

Solo una respondió.

Killian Von Orpheus.

El segundo príncipe heredero del Imperio. El hombre más cercano al trono imperial.

También poseía un sobrenombre nada agradable.

El Rey Loco.”

Llevaba luchando en guerras desde los diecinueve años y acababa de regresar hacía unos meses después de conducir al Imperio a la victoria.

Debido a tantos años en el campo de batalla, los nobles de la capital apenas sabían algo sobre él.

Solo circulaban rumores espeluznantes que afirmaban que el príncipe todavía olía a sangre de guerra.

Artia había escrito precisamente a un hombre tan temido porque era quien tenía más posibilidades de ayudarla.

Aunque jamás esperó recibir respuesta.

La carta de Killian no contenía palabras amables ni ofrecimientos de ayuda.

Solo una breve línea:

< Ven y dímelo en persona. >

Artia no entendía qué quería decir Killian, pero eso no importaba.

Debo aprovechar esta oportunidad de alguna manera.”

Artia tragó saliva y entró al Palacio Imperial.

Un hombre delgado y atractivo de cabello verde oscuro la recibió.

Nocturne von Alihas.

Segundo hijo del conde Alihas y chambelán del príncipe Killian.

La saludó con una sonrisa amigable.

—Bienvenida, señora Edenberg. Permítame guiarla hasta Su Alteza.

Artia hizo una leve reverencia y siguió a Nocturne.

Mientras caminaban por el largo corredor, preguntó con cautela:

—¿Puedo preguntar cómo se encuentra hoy Su Alteza?

El Rey Loco poseía un apodo aterrador. Ella esperaba que estuviera de buen humor.

Pero sus esperanzas se destruyeron de inmediato.

—Siempre despierta a la misma hora sin falta. Pero hoy se levantó una hora antes. Saltó el desayuno diciendo que no tenía apetito. Practicó con la espada el doble de tiempo de lo habitual y dos sirvientes se desmayaron tras ver sus ojos llenos de ojeras.

—En resumen… Su Alteza está de muy mal humor, ¿verdad?

Artia reprimió el impulso de darse media vuelta y huir.

—Si no salgo viva de aquí, por favor asegúrese de culpar incondicionalmente a Lloyd Von Edenberg.

—Entendido.

Vaya, esa respuesta realmente hace sonar esto como si fuera a morir.

Nocturne soltó una risa suave al ver la expresión rígida de Artia.

—Solo bromeaba. No se preocupe tanto, es mejor de lo que dicen los rumores.

—¿En serio?

—¿Tal vez?

Un momento después, Nocturne se detuvo frente a unas enormes puertas.

Las abrió con elegancia y habló.

—Adelante, señora Edenberg.

Artia contempló el interior, que se sentía como la jaula de un león, antes de cruzar el umbral.

Escuchó cómo las pesadas puertas se cerraban tras ella.

Después de caminar unos pasos, vio a un hombre sentado en una silla.

Antes de poder observar su rostro con claridad, Artia inclinó la cabeza.

—Saludos a la sangre del gran Orpheus. Soy Artia Von Edenberg.

Había otra razón por la cual Killian era llamado el Rey Loco.

Era un misógino extremadamente violento.

Existían historias sobre mujeres a las que había cortado las muñecas por atreverse a tocarlo, o sobre otras a las que había estrangulado por colarse en su cama.

Mientras no tenga relación con algo sexual, no debería haber problema… pero ¿para qué arriesgarme? Mejor pasar desapercibida.”

Por eso, después del saludo, Artia no volvió a levantar la cabeza y siguió mirando al suelo.

Tras un momento, una voz grave descendió desde arriba.

—¿Qué tiene que decir la heredera de Edenberg?

Era una voz ronca, carente de emoción y con un inquietante matiz demoníaco.

Artia tragó saliva con tensión.

Si digo algo equivocado, capaz me corta la lengua por blasfemia.”

Aun así, abrió la boca esperando mencionar algo que pudiera captar aunque fuera un poco su interés.

—No sé si lo recuerda, pero hace dos años presenté mis respetos ante Su Alteza.

Fue durante el banquete de bienvenida para el príncipe Killian tras su regreso de la guerra.

Artia y Lloyd se inclinaron juntos ante él.

—Saludos a la sangre del gran Orpheus. Soy Lloyd de Edenberg, vigésimo tercer duque de Edenberg.

Lloyd, haciendo su primera aparición oficial como duque, se presentó con una sonrisa engreída.

Por otro lado, Artia estaba demasiado asustada para levantar la vista.

Siempre le había temido al príncipe Killian y solo deseaba que aquel momento terminara rápido.

Entonces escuchó aquella voz familiar.

—Qué pedazo de basura es el duque Edenberg.

—Su Alteza, él solo…

Antes de que pudiera inventar una excusa torpe, el príncipe Killian volvió a hablar con arrogancia.

—¿Es cierto?

—Sí, lo es. Mi esposo, Lloyd, es basura. Una basura repugnante que ni siquiera puede reciclarse.

Killian miró fijamente a Artia y luego se quedó inmóvil.

—Has cambiado mucho en solo dos años.

Artia se sorprendió.

Aquel encuentro había sido tan breve que jamás imaginó que Killian pudiera recordarlo.

Hace dos años, Artia estaba profundamente enamorada de Lloyd.

Levantó la cabeza y miró directamente al príncipe Killian.

Pero apenas sus ojos se encontraron, volvió a bajar la mirada.

Para la cobarde Artia, aquello había sido el acto de valentía más grande de toda su vida.

—Es un pasado vergonzoso que ahora quisiera borrar…

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