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Buscando al marido de la duquesa - Capítulo 8

Después de muchos ruegos, uno de los sirvientes terminó mencionando el nombre de Lloyd.

—Cuando el duque regrese, no la perdonará por echarnos.

Artia soltó una pequeña risa.

—No se preocupen. Lloyd ni siquiera recordará sus nombres.

No lo decía con sarcasmo, era la verdad.

Lloyd no tenía interés alguno en las personas que consideraba inferiores a él.

Artia apostaría cien palitos de zanahoria a que podrían reemplazar a todo el personal de la mansión y él ni siquiera lo notaría.

Sin embargo, Elma, quien había sido la más cruel con Artia, no fue despedida.

—Gracias, mi señora . Yo, Elma, le seré leal con todo mi cuerpo y alma.

Elma parecía feliz, como si Artia finalmente hubiera abierto su corazón hacia ella.

Pero no era así en absoluto.

Puedo manipular a Elma como quiera, aprovechándome de sus debilidades. No hay necesidad de deshacerme todavía de un caballo tan útil.”

La atmósfera en la mansión cambió por completo tras la partida de los trabajadores.

Incluso las sirvientas, que antes se burlaban de los cambios de su ama, comenzaron a mostrar respeto, y ya nadie en la mansión podía ignorar a Artia.

—Entonces… —Artia extendió la mano hacia Elma—. Devuélveme el libro de cuentas del ducado.

—Mi señora, llevar las cuentas es tedioso y complicado. Espero que continúe confiándome…

—El libro de cuentas.

Artia agitó la mano con irritación hacia Elma.

Finalmente obligada a entregar la evidencia de su propia corrupción, Elma rompió en llanto.

—En realidad, mis padres están muy enfermos. Lo hice porque necesitaba dinero para pagar sus tratamientos médicos, no tenía malas intenciones. Juro por Dios que jamás volveré a hacerlo.

—Sí, sí, como sea.

Artia respondió con indiferencia mientras abría el libro.

Durante los últimos tres años, Elma había llevado las cuentas en nombre de Artia.

Le tomó largas noches y semanas revisar todo aquello, pero había valido la pena.

Encontró abundantes pruebas del uso irresponsable que Lloyd hacía de la fortuna familiar.

Pero eso no bastaba para derrotarlo.

“Soy como un cervatillo recién nacido, apenas capaz de mantenerse en pie.”

Tenía voluntad, pero no poder.

Necesitaba un aliado que la ayudara a fortalecerse.

Artia buscó entre sus recuerdos.

Su madre biológica había muerto trece años atrás, y su padre había fallecido de un ataque al corazón tres años después de eso.

Tenía una madrastra, pero tras la muerte de su padre, ella se había marchado a una villa alejada de la capital.

Además, nunca me tuvo demasiado afecto, así que sería inútil pedirle ayuda.”

Lo mismo ocurría con el resto de sus familiares.

La naturaleza egoísta de Benedict había provocado conflictos con toda la familia, y Artia había cargado con las consecuencias.

Nadie sentía interés por la única hija del antiguo duque.

Más bien, existía hostilidad… o al menos resentimiento.

—Ha… olvidemos los lazos de sangre y busquemos respuestas fuera de la familia.

Pero por más que rebuscó en su memoria, no pudo pensar en una sola persona.

Una lágrima caliente rodó por su mejilla.

—¿Qué clase de vida has llevado, Artia…?

Por fortuna, aún le quedaba una última arma.

El nombre Edenberg.

Artia podía ser incompetente, pero Edenberg no lo era.

El nombre de aquella venerable familia noble todavía poseía poder.

“¿Quién sería la persona más cara que podría comprar usando ese nombre?”

Con ese pensamiento, Artia escribió una carta.

—De: Artia Vonn Edenberg…

Envió cartas firmadas con su nombre a doce personas.

“¿Leerán una carta de la indefensa Artia Von Edenberg?”

Ni siquiera ella estaba segura.

Todo lo que podía hacer era rezar para que alguien respondiera.

Tres días después de enviar las cartas, Lloyd regresó.

ˏˋ꒰♡ ꒱´ˎ

¡Tac, tac, tac!

—Debe estar muy furioso para caminar así incluso después de haberse convertido en duque —murmuró Artia.

Entonces la puerta se abrió de golpe y una voz llena de ira resonó en la habitación.

—¡Artia! ¿Cómo te atreves a encerrar a Lyrica en su habitación?

Pero Lloyd se quedó sin palabras al verla.

Se quedó mirándola fijamente.

Artia estaba de pie junto a la ventana, bañada por la brillante luz del sol.

Su rostro sin maquillaje y el sencillo vestido de interior eran los mismos de siempre, pero todo lo demás era distinto.

La piel que antes parecía la de un cadáver ahora tenía vida, y las mejillas hundidas por la falta de comida lucían suaves.

Y, sobre todo, aquellos ojos rosados que siempre parecían apagados ahora brillaban como joyas.

“¿Quién eres?”

Eso fue lo que pensó Lloyd mientras observaba a Artia, desconcertado.

Bueno, al menos sigue teniendo esa nariz molesta.”

Artia no se había enamorado de Lloyd únicamente porque fuera amable.

También era por su apariencia.

Lloyd era apuesto, con cabello castaño y ojos azules.

Así es.

Artia tenía debilidad por los rostros atractivos.

Pero, a diferencia de antes, cuando su corazón se aceleraba apenas veía a Lloyd, ahora no sentía absolutamente nada.

Porque ya sabía que, por muy atractivo que fuera por fuera, por dentro era basura podrida.

No existe alguien más asqueroso que un hombre hermoso con gustos inmundos.”

—Sí, la encerré en su habitación —respondió Artia con una mueca.

Se llevó la mano a la mejilla y continuó:

—Me abofeteó. Pero no le di ningún otro castigo físico por consideración hacia ti.

Las cejas perfectamente arregladas de Lloyd se arquearon.

—Aunque eso haya ocurrido…

Artia pensó que diría algo como: “¡¿Cómo te atreves a tratar así a mi pequeño pájaro?!”

Pero en cambio dijo algo inesperado.

—¿Qué pasa con tu forma de hablar?

“¿Me está regañando por no mostrarle respeto?”

Artia respondió con incredulidad.

—Tú también hablas así. Solo estoy respondiéndote de la misma manera.

El rostro de Lloyd se torció aún más.

—Así que caíste al lago, despertaste y te volviste loca. Qué absurdo.

—No estoy loca —respondió Artia esta vez con una sonrisa fría—. Si alguien está loco, eres tú. Tú fuiste quien llevó a su amante a la casa de su esposa y coqueteó con ella delante de todos.

Los ojos rosados de Artia estaban llenos de un profundo desprecio.

El rostro de Lloyd se enrojeció de vergüenza… si es que era capaz de sentir algo así. Pero enseguida aquella vergüenza se convirtió en ira.

—¿Quién demonios te crees que…?

Lloyd levantó la mano hacia Artia.

¡No!

La mano de Lloyd golpeó con fuerza la mejilla derecha de Artia.

Exactamente el mismo lugar donde Lyrica la había abofeteado días atrás.

Son iguales. Tal para cual, como un par de cucarachas.”

Con ese pensamiento, Artia cayó al suelo.

La diferencia de fuerza entre un hombre y una mujer era enorme. Aquel golpe dolió mucho más que el de Lyrica.

Observando la mejilla de Artia hincharse casi de inmediato, Lloyd dijo fríamente:

—Parece que tomaste algunas decisiones importantes mientras estaba fuera, pero vuelve en ti. Eres una vergüenza para Edenberg, y te ves mejor tirada en el suelo.

Cada vez que Lloyd recurría a aquella violencia despiadada, la antigua Artia temblaba de miedo y rompía a llorar.

Pero ahora era diferente.

Artia levantó la vista.

Ya no soy la misma Artia.”

Sus brillantes ojos rosados se endurecieron mientras enderezaba involuntariamente los hombros.

Entonces habló.

—Durante los últimos tres años me ignoraste, me maltrataste, trajiste una amante a mi hogar e incluso me drogaste para impedirme tener hijos.

—¿Qué tonterías estás…?

—Ya no quiero seguir viviendo en este infierno de matrimonio.

Finalmente dijo las palabras que más había querido pronunciar.

—Nos vamos a divorciar.

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