David la observó juguetear con su arma en silencio durante un largo rato.
Estaba lejos de ser estable. En esta época, en este mundo, probablemente no existía nadie que pudiera decirse que tenía una mente sana. Aun así, recién ahora se daba cuenta de lo particularmente frágil que era ella.
Tal vez no se equivocaba. Parecía que de verdad había intentado matarse con esa pistola.
Solo había estado junto al duque por un breve tiempo.
Quería burlarse de ella por jugar a un amor infantil hasta el punto de arriesgar la vida, pero hoy no era el momento. Tenía esa sensación. Sentía que hoy debía dejarla en paz
En lugar de soltar una ironía según le dictaba el ánimo, David sacó otro tema.
—Vendrá una visita.
—…¿Una visita?
—No lo sabes porque estabas durmiendo, pero hay alguien que vino a verte todos los días. Ya debería estar por llegar…
Apenas terminó de hablar, se oyeron pasos corriendo desde afuera. El ruido, casi escandalosamente apresurado, se detuvo justo frente a la puerta donde estaban.
Aunque el visitante ya había llegado, David no apartó la mirada del rostro de Karen. El visitante en sí no le importaba en absoluto.
A esa persona la había llamado únicamente para retener a Karen.
Lo más importante era su reacción.
David quería saber si esa existencia seguía siendo, para ella, un punto débil.
—Voy a entrar.
Se oyó una voz clara y la puerta se abrió.
El rostro de Karen se torció lentamente al ver a quien entraba sin permiso, creyendo que la dueña de la habitación aún dormía. David, que no perdió ni un solo gesto, suspiró aliviado por dentro.
Por suerte. Aún tenía efecto.
Si el duque, como individuo, apenas había logrado retener a Karen con unas esposas, Kustia había creado para ella un grillete mucho más eficaz.
Algo así como explotar la soledad de una niña que había perdido a su único familiar, su hermano menor, y utilizar la culpa y el sentido de responsabilidad.
En ese sentido, Nina era el grillete perfecto para Karen.
* * *
David dejó a Nina y Karen su emotivo reencuentro y salió de la habitación.
Nina, con el cabello castaño oscuro, una cinta negra en la cabeza y un vestido amarillo, se veía más madura de lo que Karen recordaba. Había perdido la redondez infantil y estaba más alta. Sus mejillas sonrosadas parecían llenas de vida.
Pero en cuanto Karen la vio, le vino a la mente la fotografía de Nina torturada que había visto en la tienda de madame Bornet.
—¡Nina…!
—¡Hermana, ten cuidado!
Mientras se acercaba, tambaleándose como un niño pequeño, Nina, visiblemente nerviosa, se acercó primero y ayudó a Karen a levantarse.
Pero Karen pronto se apartó y miró de arriba abajo a Nina, que a sus ojos todavía parecía una niña.
—¿E-estás herida…?
—¿Eh…?
—¿No estás herida en ninguna parte? ¿La t-tortura…? ¡Ellos te torturaron!
—¿De qué estás hablando, hermana…? ¿Tuviste una pesadilla?
En la foto que le había mostrado madame Bornet, Nina estaba claramente cubierta de sangre. Le faltaban uñas, y no había una sola parte de su cuerpo ilesa…
|Estoy segura de que estaba así…|
Pero las piernas, el cuello y los brazos que asomaban bajo el vestido estaban lisos, sin cicatrices, sin siquiera un pequeño rasguño.Parecía una señorita de buena cuna.
—Debiste de estar agotada por volver de un país tan lejano. Aun así, ¿cómo pudiste dormir tantos días seguidos? De verdad estaba muy preocupada.
—Ah…
Solo mandabas cartas de vez en cuando, ni siquiera podíamos hablar por teléfono… No sabes lo mal que lo pasé.
Las cartas que Nina decía haber recibido no las había escrito Karen. Habían sido inventadas y redactadas por madame Bornet.
Karen había leído tanto las cartas que Nina enviaba como las que madame Bornet le mandaba a Nina, pero nunca había respondido con palabras que reflejaran su situación real o sus sentimientos. Y desde que empezó a acercarse seriamente a Arthurus, ni siquiera volvió a recibir cartas.
—¿Entonces ya regresaste del todo de tus estudios en el extranjero?
Nina no sabía nada.
(Becky: Yo no me creo eso, esta mocosa es muy sospechosa).
No sabía adónde había ido Karen, ni por qué, ni con qué propósito.
En Kustia creían que había ido a estudiar a un país lejano, no a Gloretta.
—La tortura…
Karen, a punto de hacer otra pregunta con expresión desconcertada por la apariencia de Nina que parecía perfectamente sana, pronto se dio cuenta de lo tonta que había sido.
Ellos no la habían torturado de verdad.
Lo importante no era torturarla, sino provocar en ella la impresión de que Nina estaba sufriendo, para empujarla a actuar de forma activa.
—¿Hermana…?
—…Yo… Debo haberlo soñado…
Más que dolor por haber sido engañada, lo que la invadió fue alivio.
Que la hubieran engañado no importaba. Tampoco importaba el sufrimiento que eso le había causado. Si Nina no había pasado por nada por culpa suya, eso era suficiente.
La inocencia luminosa de Nina, ese cuerpo que no parecía haber conocido el sufrimiento, se convirtieron en un pequeño consuelo.
El mínimo consuelo de saber que su dolor había servido para protegerla.
Pero al mismo tiempo, recordó al hombre al que había herido y abandonado atrás.
Seguía valorando profundamente a Nina. Pero ahora, ya no era lo único importante para ella.
Por eso se sentía culpable con Nina, y también atormentada.
* * *
Los gustos del coronel Berschaunt eran tan clásicos que rozaban lo anticuado. Considerando su edad, no era extraño.
En cualquier caso, los gustos rancios de un viejo soldado no empañan sus logros ni su estatus. Aunque no logró ganar la guerra y optó por un armisticio, Berschaunt nunca había perdido ni una sola batalla bajo su mando. A cambio, recibió un disparo que lo dejó cojo de una pierna, pero incluso eso era, para un soldado, una condecoración honorable.
De pie en el centro de una habitación de tonos oscuros, dominada por muebles marrón oscuro, David informó al coronel sobre el estado de Karen y los acontecimientos recientes.
—Entonces…
El rostro lleno de arrugas no transmitía benevolencia, sino ferocidad. Aun así, David, lleno de admiración, encontraba incluso imponente esa apariencia intimidante.
—Karen.
Pero la forma dubitativa en que formuló la pregunta no encajaba con el héroe de Kustia.
—¿Se acostó con ese hombre?
Por primera vez, los labios de David, que hasta entonces había respondido con franqueza a todo, se cerraron con firmeza.
Tenía miedo de la reacción que podría tener el coronel si decía la verdad.
|No me haría daño por informar las cosas como son, pero Karen…|
Era bien sabido desde hacía tiempo que el coronel Berschaunt sentía una obsesión particular por Karen. Todos sabían que este hombre, de supuesta cabeza fría y racional, estaba completamente enamorado de la joven que se estaba convirtiendo en espía, llenándola de regalos y visitándola a diario. Dada la diferencia de edad, casi padre e hija, la palabra “amor” resultaba incómoda, así que todos intentaban hacerse de la vista gorda.
Además, el coronel Berschaunt se había opuesto firmemente a que Karen fuera enviada a Gloretta. Al final, las cosas no salieron como él esperaba.
Ya habían pasado varios años desde que Karen vivía en Gloretta. David pensó que a estas alturas la obsesión del coronel se habría atenuado, pero estaba equivocado. Berschaunt seguía firme en su admiración por Karen.
Aunque la misión había fracasado, ella había cumplido su labor y regresado a Kustia. Con su rostro ya conocido, no volvería a ser utilizada como espía.
En otras palabras, Karen era inservible. La razón por la que David se esforzó tanto en traerla de vuelta no era solo el apego personal, sino una orden secreta que había recibido directamente del coronel.
Pasara lo que pasara, debía traerla de regreso sana y salva.
Había cumplido esa misión.
Incluso si el coronel Berschaunt comenzaba a cortejarla abiertamente, ahora que ella no tenía uso, no habría nadie que pudiera detenerlo.
—¿Por qué no respondes?
—Es que…
Durante el regreso a Kustia, había notado, bajo la clavícula que asomaba, marcas densas e inconfundibles.
Desde el principio, esperar castidad de alguien cuya misión consistía en usar deliberadamente su belleza como arma para acercarse a los hombres y extraer información era absurdo. El coronel también debía saberlo. Entonces, ¿por qué hacía una pregunta cuya respuesta era tan evidente?
—…No.
Aun así, David eligió mentir por su héroe.
—Arthurus Kloen era un imbécil que temblaba con sólo tomarle la mano.
—¿Está seguro?
—Completamente.
Esa mentira también era, en parte, por Karen.
Aunque no la soportaba y le resultaba difícil comprenderla, deseaba que sufriera un poco menos.
No podía entender por qué detestaba tanto a este país hermoso y magnífico que había mostrado misericordia y benevolencia incluso con niños abandonados por su propia patria; le parecía incomprensible y desagradecido.
—¿Y la reacción de Karen hacia ese hombre? Acaso…
—Para Karen, ese hombre no fue más que un objetivo del que extraer información.
—…
—No hubo nada de qué preocuparse.
David siguió mintiéndole descaradamente a su héroe, mientras pensaba en otras cosas.
Ahora todo había terminado.
Deseaba sinceramente que Karen pudiera vivir bien.
Justamente aquí, en Kustia.
(Becky: Traduje estos 10 capítulos de corrido y whoaaa, qué emociones. Quiero seguir, pero me iré a dormir, esperaré un día o dos para continuar con los siguientes).
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