Karen fue aceptada como testigo en el juicio de Marianne Lepon.
Sin embargo, dado que su estatus era el de una criminal, no podía viajar junto a Arthurus. Subida a un camión de transporte de prisioneros, Karen pasó casi un día entero dentro del vehículo que se sacudía constantemente durante el trayecto.
|Arthurus debe estar preocupado por mí.|
Pero, aunque le resultara injusto para él, Karen se sentía extrañamente tranquila.
Ya no huía. Estaba afrontando sus propios pecados, avanzando para decir la verdad. Ese momento, de algún modo, le resultaba sereno.
Desde el interior del camión de transporte alzó la vista hacia el cielo nocturno que se extendía sobre una llanura desierta.
Era hermoso.
No recordaba desde cuándo había dejado de percibir la belleza del cielo estrellado, pero ahora no era así. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que había recuperado la calma suficiente como para maravillarse ante un paisaje cotidiano?
Esperaba que Arthurus estuviera contemplando el mismo cielo.
Y que, aunque solo fuera por un instante, pudiera dejar de preocuparse por ella mientras se perdía en esa belleza natural.
* * *
Lois que había detenido el coche, observó de reojo el rostro de su amigo, visiblemente más afilado y sensible tras haberse consumido por el estrés, y apagó el motor en silencio.
La noche ya estaba avanzada; lo mejor sería dormir allí y continuar al amanecer. Además, Arthurus, que no había logrado conciliar siquiera un sueño ligero, por fin se había quedado dormido.
Un juicio internacional que incluye la participación de Karen Shanner.
Y Arthurus, decidido a seguirla hasta ahí.
Lois aún no terminaba de asimilar toda la situación, pero sabía que, por mucho que se opusiera, su amigo no se detendría. Así que se limitó a permanecer a su lado.
—Duerme bien, idiota.
Deseó de corazón que, al menos esa noche, su amigo pudiera descansar en paz.
* * *
Era un paisaje gris ceniza.
Se oían explosiones, nubes de humo espeso se elevaban en el aire, y sobre el terreno marrón, arrancado de cuajo por las detonaciones, yacían los cuerpos esparcidos de los soldados.
Arthurus caminaba entre ellos con familiaridad, dirigiéndose a cierto lugar. Creía que lo había olvidado hacía tiempo, pero en realidad, se había esforzado por fingir que lo había olvidado…
Aunque fuera un sueño, estaba tan vívido en su memoria que pudo recordarlo sin la menor vacilación.
La ropa que llevaba puesta la última vez que la vio. El cabello rubio revuelto. El rostro aplastado, como si hubiera recibido la explosión de frente…
Arthurus cayó de rodillas y envolvió el cuerpo de la muchacha entre sus brazos.
Habían prometido sobrevivir y volver a verse.
Él lo hizo. Ella no.
Quizá llegó a resentir a aquella chica que, con su rostro inocente, lo había traicionado. Y también sintió culpa.
No debí haberte arrastrado así y enojarme.
Te asusté.
Por eso pasó esto.
Huiste, y por eso terminamos así, en este estado…
Esa culpa había estado carcomiendo a Arthurus por mucho tiempo.
En un intento desesperado por sobrevivir, intentó con todas sus fuerzas borrar de su mente el rostro y los recuerdos de la muchacha. No fue tan difícil. El hecho de que su cabeza quedara tan desfigurada por la explosión que era irreconocible fue tan impactante que, cada vez que pensaba en ella, solo le venía a la mente la imagen de su cadáver.
Pero ya no.
Ese cuerpo no pertenecía a su primer amor.
Después de dejar el cadáver, Arthurus se dio la vuelta.
Cuanto más se alejaba del campo de batalla, más se desvanecían los sonidos de las explosiones, y el mundo gris comenzaba a llenarse poco a poco de color.
Y al final de ese camino, estaba una mujer.
Karen.
La mujer que le había dado tanto dolor como felicidad.
* * *
Clic.
Al oír el sonido de la puerta del auto abriéndose, Lois, que estaba apoyado contra el coche, se incorporó. Justo estaba fumando, así que le tendió el cigarrillo cuando salió, pero el duque negó con la cabeza.
—El cielo nocturno es hermoso.
—¿Eso es lo primero que dices al despertarte? ¿En una situación como esta…?
Lois lo miró con incredulidad. Pero aunque la situación justificaba una seria ira y objeción, solo le dio una leve reprimenda y no intentó detenerlo.
Si la situación de la familia Kloen se veía afectada, era evidente que Lois, trabajando para Arthurus, se encontraría en una situación precaria. Sin embargo, respetó y apoyó la decisión de su amigo.
Tras todo lo ocurrido con Karen, Arthurus comprendió que no debía dejar ni un solo arrepentimiento atrás.
También entendió con claridad por qué debía darlo todo por la persona que estuviera a su lado en cada momento.
—Lois
—…Qué.
—Gracias.
Por un instante, Lois miró a Arthurus con los ojos muy abiertos, como si se hubiera quedado sin palabras. Luego escupió el cigarrillo y, fingiendo indiferencia, se despeinó con brusquedad.
—Si lo sabes, dame unas vacaciones.
—Lo pensaré.
—Maldito bastardo.
Últimamente, Arthurus no dejaba de pensar en Karen.
No creía que todo lo que ella le había dicho fuera mentira.
Que había perdido a sus padres y solo le había quedado su hermano…
En cambio, él sí había tenido mucha gente a su alrededor.
Un abuelo que lo quiso como a un hijo.
Cato, que buscaba la atención de su hermano.
Lois, que había permanecido a su lado como una sombra.
Personas poco expresivas, más propensas a herir que a consolar, pero que aun así nunca se fueron.
Pero, ¿Karen?
Ella no tenía a nadie.
Y aun así, él solo había dado importancia a sus propias heridas, sin dudar en herirla a ella.
En adelante, la protegería mientras le quedaran fuerzas, pero aquellos días en los que la lastimó quedarían para siempre grabados en su corazón como un arrepentimiento eterno.
Por eso, desde que se reencontró con Karen, juró no volver a crear ni una sola situación de la que pudiera arrepentirse.
Aunque tuvo que atravesar tiempos dolorosos, también creció gracias a ella.
Y ahora debía devolverle todo eso.
A la mujer que lo hizo crecer, amar y liberarse del dolor del pasado…
Arcturus recordó los ojos y el cabello de Karen mientras contemplaba la luz titilante de las estrellas.
Mañana será otro de esos días difíciles, pero al menos hoy,
Esperaba que Karen pudiera dormir envuelta en dulces sueños.
* * *
La luz del atardecer se filtraba a través de los estrechos barrotes de la prisión. La mirada vacía de la mujer, con el cabello recogido en una coleta tirante, se posaron sin expresión en la luz que inundaba la celda.
—Señorita Marianne Lepon.
Mientras disfrutaba de un momento de tranquilidad a solas, un soldado entró y la llamó por su nombre. Marianne comprendió el significado, extendió las muñecas y le quitaron las esposas de inmediato.
—Es su única oportunidad de evitar la pena de muerte. Más le vale hacerlo bien.
No se sabía si era un consejo o una advertencia, pero Marianne no mostró emoción alguna. Su expresión era sorprendentemente serena.
Calzando unos zapatos con las suelas gastadas, cruzó los barrotes.
El juicio comenzaba.
* * *
Del otro lado de la puerta se oían voces discutiendo.
Eran sonidos propios del desarrollo del juicio. Karen, que aguardaba como testigo, prestó atención.
Del lado de Marianne Lefont no había nadie, salvo su abogado. Parecía como si estuviera luchando sola contra el mundo.
Pero poco a poco, a medida que Marianne Lepon iba explicando las violaciones a los derechos humanos que sufrieron las niñas secuestradas por Kustia, el ambiente fue quedando en silencio poco a poco.
Karen se mordió el labio inferior.
Ella comparecería como testigo para respaldar las palabras de Marianne Lefont. Incluso si Marianne lograba evitar la pena de muerte, eso no garantizaba que Karen también lo hiciera.
Aun así, el resultado de ese juicio influiría sin duda en su propio castigo.
Para ello, deberá explicar los horribles días que vivió desde que fue secuestrada por Kustia.
Obligada a matar. El uso de familiares como rehénes…
Dentro de todo, ella había sido de las “afortunadas”. Había llegado a convertirse en un “producto terminado”.
Pero el destino de los niños descartados había sido atroz. Tan terrible que ni siquiera quería recordarlo.
|Quiero huir…|
Sabía que era el camino que ella misma había elegido y que no podía permitirse vacilar ahora, pero el impulso de huir se apoderó de ella. Justo cuando ese impulso amenazaba con dominarla.
—Karen.
Apareció una persona inesperada.
—Arthur…
Sin pensarlo, Karen se refugió en su abrazo.
—¿Cómo es que estás…?
—Supliqué encarecidamente.
—¿Tú?
—No, Lois.
—Ah…
Hasta hacía un momento, los recuerdos del pasado se mezclaban de forma caótica y dolorosa, pero aunque sabía que no era una situación para reír, una sonrisa escapó de sus labios y la tensión se alivió un poco
—Con lo terca que fuiste para llegar hasta aquí.
—…
—No te quedes paralizada ahora.
Karen bajó la cabeza sin poder responder. Se había preparado mentalmente durante el camino, pero enfrentarse al momento era distinto. Arthurus acarició su nuca y besó suavemente su frente.
—¿Qué pasa si me equivoco?
—¿Qué pasa? Toca sacar el arsenal de la compañía y venir a rescatarte.
—Qué…
Ante semejante respuesta, Karen soltó una risita involuntaria. Pero, a diferencia de ella, él hablaba con absoluta seriedad.
—Escúchame bien, Karen.
—…
—Al principio no me quedó más remedio que aceptar tu decisión, pero ya no es solo eso. Lo harás bien.
—…
—Confío en ti.
Con esas palabras, Karen sintió cómo su mente se calmaba de forma sorprendente.
Como si la tensión de antes no hubiera sido más que una ilusión.
En ese momento, se oyeron los sollozos de Marianne Lepon desde la sala de juicio. El abogado intervino; por la sensación. Parecía que pronto sería llamada a declarar.
—Por último, ¿hay algo que te gustaría decir?
Tras ese juicio, pasaría mucho tiempo antes de que volvieran a verse. Karen lo miró con urgencia, pensando frenéticamente.
Cosas que debería haberle dicho, las que no se había atrevido a decir, las que no tuvo oportunidad de decir.
¿Qué podría ser?
—¡Arthur…!
Se escuchó la voz del abogado llamando a la testigo.
—En realidad, mi engaño como espía… No fue la primera vez. De hecho, hace mucho tiempo…
El juez accedió a la petición y la puerta se abrió.
—Lo sé.
Pero antes de que Karen pudiera terminar su confesión, y antes de que pudiera siquiera entrar, se escuchó la sencilla respuesta de Arthurus.
—Eso también lo perdoné.
—…
¿Desde cuándo? ¿Cómo?
Esas preguntas brotaron en su cabeza, sin pronunciar palabra alguna. Al fin y al cabo, no había tiempo para escuchar una respuesta.
Arthurus le sonrió con franqueza y le habló con una actitud tranquila y afectuosa.
—Así que solo piensa en cómo a mí, sea como sea.
Cualquier temor restante se disipó por completo.
Ya no había nada oculto entre Karen y Arthurus. Solo quedaba seguir adelante, estar a su lado.
Ella le devolvió la sonrisa en silencio.
Y, con paso firme, se dirigió hacia la sala del juicio.
Ya no era momento de mirar atrás, a los errores y secretos cometidos, sino de avanzar hacia el futuro.
𓆩࿙𓂋 ¿Fin?𓂋࿚𓆪
Becky: Bueno, casi me da algo al saber que este era el final, y lo es; aunque solo es el fin de la historia principal. Quedan 8 extras que publicaré en febrero. ¿Hasta ahora, qué les pareció el final? ¿Cumplió sus expectativas? Pueden ir pensando qué novela les gustaría a continuación. Si la trama me llama y me tienta la portada, puede que sea la siguiente novela a traducir.
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Rttrxx
Hace 2 meses - #21611