La doncella personal, Lena, se apresuró en ir a la mansión Cullen tras recibir una llamada de su señor, Arthurus. Jude sugirió que sería mejor llamar a una sirvienta cuyo rostro le resultara familiar a Karen, ya que no estaba acostumbrada a dar órdenes.
—No tiene que agradecerme tanto. Solo hago lo que se espera de mí.
—Aún así…
—No es necesario, señorita.
Lena acababa de terminar de decorar el cabello de Karen, se agachó y le quitó las pantuflas para poder colocarle los verdaderos zapatos.
—Ah…
La doncella no pudo ocultar su cruda reacción cuando vio los pies descalzos de la señorita, expuestos.
La Karen que Lena apreciaba era tan hermosa como una obra maestra con cada pincelada minuciosamente dibujada, desde su rostro hasta las líneas de su cuerpo; todo era perfecto. Y cualquiera que la viera compartiría la misma opinión. Asumió que sería lo mismo con los pies. Sin embargo, cuando le quitó los zapatos y observó, los pies de Karen…
—¿Te sorprende mucho?
—…Es que…
—Está bien. Lamento asustarte.
La doncella quedó sorprendida al ver los pies llenos de irregularidades y sintió pesar por su señorita, pero Karen no le dió mucha importancia.
Quienes no bailan piensan en los bailarines como seres hermosos y majestuosos, pero la realidad es otra. Es necesario pasar por un proceso de entrenamiento para ofrecer una actuación hermosa.
Así como un cisne de apariencia elegante golpetea ferozmente los pies bajo el agua, los pies de un bailarín son maltratados para poder ejecutar una hermosa danza.
A veces, cuando Karen solía observar sus propios pies demasiado retorcidos y con uñas demasiado dañadas para ser humanas, se sentía deprimida porque le daba la sensación de estar mirando su propio corazón marchito…
—Señorita, está sonrojada.
Ahora, cada vez que se miraba los pies, otros recuerdos inundaban su mente.
Cada vez que pasaban juntos la noche en la cama, la imagen de Arcturus lamiendo y chupando con particular devoción sus pies, que, lejos de ser bonitos, eran bastante feos, y las cosas que decía en esos momentos, todos esos recuerdos llenaban ahora su cabeza.
Así que ahora, no se sentía mal cuando miraba sus propios pies, antes monstruosos para ella.
—Hace un poco de calor, así que…
Afortunadamente, Lena no pareció dudar de aquellas palabras.
—¿Lista?
—Sí.
—Entonces debería ir.
Le hubiera gustado poder terminar de vestirse temprano por la mañana y saludar a los invitados junto a ellos…
Pero por alguna razón, Jude Cullen la llamó, le explicó esto y aquello y luego la hizo subir justo antes de que llegaran los invitados.
Quizás fue en consideración a su estatus plebeyo, abarcando la posibilidad de presentar dificultades para recibir a los invitados de rango noble.
Karen, que no sentía nada especial por su rostro ni siquiera al mirarse al espejo, se levantó de la silla para no perder más tiempo.
***
En poco tiempo, todos los invitados ya estaban reunidos. Tras saludar a Jude Cullen y a Arthurus, se dedicaron a charlar de diversas cosas mientras bebían alcohol y comían alimentos como el jamón salado y aceitunas encurtidas que estaban en la mesa.
El tema principal era político, empresarial, sumado al reciente casi asesinato de Arthurus. Algunos estaban indignados porque el ejército de Kustia había negado rotundamente el incidente, llegando todo a un callejón sin salida. Pero todos sabían que para no provocar otra guerra, no les quedaba otra opción que encubrirlo.
Había muchos temas de conversación, dada la gran cantidad de gente reunida, pero, de hecho, había algo más de lo que todos querían hablar.
La amante, o quizás pareja de Arthurus; la étoile del Swan’s Ballet, también
Todo el mundo tenía curiosidad por Karen Shanner.
Las ganas de saber más de ella era porque tuvo que retirarse del escenario debido a una lesión antes del final de la temporada de actuaciones, poco después de que estallara su escándalo con Arthurus.
Como Jude Cullen nunca anunció oficialmente que la fiesta era para presentar a Karen, la mayoría de los invitados no tenían ninguna expectativa de verla hasta que llegaron a la fiesta.
Sin embargo, al ver que incluso bailarines del Swan’s Ballet estaban presentes en la fiesta, no pudieron evitar sentir más curiosidad por ella.
Un momento después, una sirvienta se acercó discretamente a Jude Cullen y le susurró algo al oído.
Era el momento.
El anciano le sonrió a su nieto e hizo sonar una pequeña campana para atraer la atención de los invitados.
—Ahora, queridos invitados, tengo algo que decirles.
Ante eso, Arthurus negó la cabeza en silencio. Karen, siendo ya muy tímida, seguramente se sonrojaría al escuchar lo que su abuelo estaba a punto de decir.
—He decidido aprovechar esta oportunidad para presentarles a la nueva integrante de la familia. Es la hermosa joven que se casará con mi nieto, quien es como un hijo para mí.
Era el momento que los amantes del chisme habían estado esperando. Jude Cullen, al ver brillar los ojos de la gente, giró la cabeza hacia el piso superior y exclamó.
(Becky: Yo sería del grupito chismoso).
—¡Adelante, Karen!
Pasaron unos segundos, que pudieron ser largos o cortos.
Se oyó un suave golpeteo de zapatos. Al poco rato, apareció una mujer, con la mano en la barandilla del segundo piso y bajando. Como esperaba Arthurus, tenía las mejillas sonrojadas por la timidez. Si hubiera sido una ocasión normal, se habría echado a reír al verla. Tal vez incluso habría pensado, con la ligereza suya de siempre, que se veía encantadora.
—…
Pero Arthurus no podía reír. No sintió el impulso de burlarse de al verla avergonzada.
No se atrevía, no podría.
Pensó que era una mujer que se decantaría por la moda clásica, sin embargo…
Aquel vestido de noche dejaba al descubierto sus hombros. Llevaba un chal, pero este la envolvía sin más, sin cubrirle los hombros ni los brazos. El vestido de terciopelo negro, ceñido a las curvas de su esbelto cuerpo, le sentaba de maravilla.
Ese era el problema.
Y no sólo eso. Si ya de por sí destacaba con el rostro sin una gota de maquillaje, ahora que sí estaba maquillada todo le sentaba con naturalidad.
—Esta es la señorita Karen Shanner, la nueva alegría de nuestra casa. Es la joven que se casará con Arthurus y será mi otra nieta.
—Abuelo, por favor…
Sólo después de que Karen bajó las escaleras y protestó por las payasadas de Jude Cullen, Arthurus parpadeó.
—Haah…
Respiró profundamente y se dio cuenta de que no lo había estado haciendo.
Se pasó una mano por la mejilla y la barbilla, luego giró hacia Karen en lugar de mirar al molesto anciano, que reía entre dientes a su lado. Cuando intentó quitarse la chaqueta y dársela con naturalidad, ella negó con la cabeza.
—Estoy bien.
—Entonces, al menos ponte bien el chal. Pareces tener frío.
—No tengo tanto frío.
—No. Sí tienes frío.
—¿Eh…?
Karen, confundida, desvió la mirada con cierta incomodidad. Al ver a su nieto haciendo berrinche a pesar de que le habían dicho que no existía tal sensación de frío, Jude Cullen se mordió el labio inferior conteniendo la risa y le dio un codazo en las costillas.
—Detente. Estás siendo muy excéntrico.
—No eres el más indicado, abuelo; ya organizaste esta fiesta excéntrica. ¿Tú elegiste este vestido?
—Simplemente pedí que alistaran un vestido con un diseño a la altura de las últimas tendencias de la moda. ¿Qué iba a saber un viejo como yo de ropa para señoritas? Quien hizo la elección final fue Karen.
Karen asintió en defensa de Jude Cullen.
—Yo elegí este vestido, así que no regañes al abuelo.
—Oh… Tú elegiste este atuendo poco abrigador.
Arthurus no sabía cómo describir el atuendo que parecía casi desnudo ante sus ojos, así que habló con cuidado.
Usó la estúpida expresión “poco abrigador” porque tenía miedo de que si decía en voz alta que era muy descubierto, quedaría como un hombre celoso.
—Uso ropa que deja ver mis hombros cuando actúo.
—¿En serio?
Tal vez debería pedirle al barón Theron que nunca más permita que Karen use ropa así.
Pero Arthurus le dedicó una sonrisa cariñosa, apretando los dientes. No quería ser el tipo de hombre que asfixia a su novia, se obsesiona con ella y se entromete en sus asuntos.
—Te queda bien. Estás hermosa.
—Gracias.
Jude Cullen y Arthurus se colocaron a ambos lados de Karen como acompañantes, saludando personalmente a los invitados. Arthurus tuvo que resistir el impulso de cubrirle los hombros varias veces durante el proceso.
Naturalmente, la mirada de Arthurus no se apartó de ella. La observaba constantemente, como un padre, para ver si se sentía incómoda en un lugar plagado de desconocidos. Por eso no pudo evitar notarlo. Incluso después de conocer a tanta gente, Karen seguía teniendo problemas para concentrarse.
La mirada de Karen se desviaba constantemente cada vez que tenía la oportunidad y estaba dirigida a los bailarines y demás personal del Swan’s Ballet.
Debió de ser estresante ver a sus conocidos desatendidos en un lugar con tantos desconocidos.
—Abuelo.
Arthurus con el brazo alrededor de los hombros de Karen, llamó al abuelo, que estaba hablando con un antiguo socio comercial del pasado.
—Iré a saludar con Karen a los demás invitados.
—Está bien, lo entiendo.
Al alejarse, Karen respiró hondo, quizá nerviosa. Arthurus le acarició el brazo sin decir palabra y la condujo frente a los bailarines del Swan’s Ballet.
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