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El lugar donde se quebró la rosa dorada - Capítulo 70

 

Episodio 70

 

 

Jueves. Era el día del informe semanal regular.

 

Podría llamarse una reunión del consejo de estado, pero era una reunión secreta y no oficial, por lo que era difícil llamarla así.

 

Mientras se iba de camino, Arthurus continuó consultando los documentos, pero no pudo vencer el cansancio al final. Dejó a un lado los documentos que estaba leyendo y se apoyó en el respaldo del asiento.

 

Mientras miraba por la ventana el paisaje que pasaba rápidamente, Arthurus pensó en ella como de costumbre.

 

El momento de ensueño que tuvo la noche anterior.

 

Y lo que dijo Lois en la mañana.

 

Intentó deliberadamente no pensar demasiado en el asunto. Preocuparse significaría sospechar de la otra persona.

 

Pero estaba preocupado. ¿Por qué mintió Karen?

 

Siempre había sido sensible a las mentiras desde siempre. Sobre todo cuando la persona que lo hace es alguien cercano.

 

Recordó a cierta mujer que le mintió y lo apuñaló por la espalda.

 

Le creyó cuando dijo que se había equivocado de cuartel. Sin mencionar que allí se guardaban documentos confidenciales. ¿Qué más había pasado? Incluso la había visto con soldados enemigos capturados. Le creyó cuando dijo que solo los había alimentado por lástima.

 

|Karen, no.|

 

Volvió a fruncir el ceño con fuerza y ​​pensó en el rostro de Karen. El suave cabello que se deslizaba entre sus dedos al acariciarlo, ojos claros que escuchaban su historia, su voz dulce. Todo estaba lleno de su cariño por él.

 

Él no era un tonto.

 

No importaba cuánto la amaba, no era suficiente para obnubilar su razón y confundir sus sentimientos.

 

Karen lo amaba también.

 

Quizás incluso más que él a ella.

 

No quería preocuparse demasiado por lo que dijo Lois y hacer que Karen se sintiera incómoda. Debía haber una razón por la que no invitó a su hermano. También debía haber una razón por la que no se lo contó directamente.

 

Arthurus abrió lentamente los ojos, que había cerrado por un momento, y volvió a mirar el paisaje fuera de la ventana.

 

En ese momento, apareció en su vista la calle por la que había caminado con ella.

 

Maldita sea, la extrañaba tanto.

 

Era intenso su sentir que podía imaginarla parada en esa calle ahora mismo.

 

Llevando sólo un abrigo sobre ropa fina…

 

—¿Karen…?

 

Arthurus frunció el ceño y cerró los ojos, luego los abrió de nuevo.

 

La extrañaba tanto que pensó haber visto una ilusión.

 

No era una ilusión.

 

Karen, que parecía tener frío vistiendo sólo un abrigo sobre su ropa de práctica de ballet, captó la atención de Arthurus.

 

 

* * *

 

 

El sonido claro y tintineante de una campana anunció la llegada de un cliente.

 

Madame Borne sabía quién era sin necesidad de voltearse.

 

Hoy no se molestó en servir té. En cambio, recibió a la persona con una cara amable en el mostrador.

 

—Has llegado justamente a tiempo, Karen.

 

—…

 

—Tengo un obsequio para ti.

 

Y le entregó una caja rosa con un lazo verde.

 

Karen alisó la cinta de la caja con manos temblorosas. Tenía que haber una razón por la que David Meyer la había enviado a la tienda de madame Borne.

 

Tenía miedo de comprobarlo, pero no había otra opción.

 

La mano que estaba jugueteando con el extremo de la cinta pronto tiró de ella.

 

Abrió la caja y encontró un par de zapatillas de ballet color crema.

 

—Escuché que te estabas preparando para regresar.

 

—…

 

—Es un regalo que te permite empezar de nuevo con una nueva mentalidad.

 

Aunque fingía dárselo únicamente para su beneficio al regresar a la compañía de ballet, era evidente que había una espina escondida en las palabras de madame Bornet.

 

Karen acarició las zapatillas de ballet envueltas en una tela suave y lisa, las sacó y descubrió algo escondido dentro.

 

Había varias fotos.

 

Tenía el presentimiento de saber sobre qué era. Sintiéndose inquieta, Karen las sacó con prisa.

 

—Ah…

 

Dentro de las fotos había alguien atado a una silla, cubierto de sangre. Las manos de Karen empezaron a temblar.

 

Vivió en Kustia más de siete años. La razón por la que sobrevivió incluso tras perder a su hermano menor fue porque había encontrado a alguien valioso incluso en un país enemigo.

 

Esa niña se convirtió en su familia, ambas queriéndose y amándose. Sin embargo, a Kustia le vino a pelo tener una nueva rehén con que manipularla.

 

La existencia de esa niña fue la razón por la que Karen no pudo traicionarlos y elegir a Arthurus incluso a riesgo de su vida.

 

No podía morir todavía porque tenía algo que proteger.

 

Karen dejó la foto en silencio, con las manos temblorosas.

 

No podía gritar y preguntar por qué torturaban a una persona inocente. Todo era culpa suya. Tan consumida por su felicidad actual que olvidó su deber y cruzó la línea. Inevitablemente, había logrado que castigaran a la persona que amaba.

 

Apretando los puños, se tragó la rabia, y luego se la tragó otra vez.

 

Madame Borne simplemente la observaba, como si no tuviera nada que ver con ella.

 

Karen finalmente contuvo la ira que amenazaba con salir de su boca, apretando con fuerza sus manos temblorosas y mirándola.

 

—¿Qué tipo de baile debería hacer?

 

Madame Borne lució satisfecha con aquellas palabras y sonrió muy amablemente.

 

(Becky: Vieja lesbiana).

 

 

* * *

 

 

Karen guardó las fotos en la caja de zapatos y se fue a casa. Siempre que se sintiera débil, las miraría para recuperar la compostura.

 

—Ah…

 

Después de dar unos pasos, finalmente no aguantó más y se sentó con las rodillas dobladas, apoyada contra la pared de una tienda. Sentía que las piernas le fallaban y que iba a desplomarse por completo.

 

El nombre de la niña en la foto era Nina.

 

Cuando Luis murió de peste, Karen enfermó tanto que ni siquiera podía tragar un trozo de pan.

 

Incluso cuando la alimentaban a la fuerza, vomitaba, e incluso con sueros intravenosos, no lograba recuperar las fuerzas. Entonces, una niña en particular se le acercó con cariño.

 

(Becky: Llámenme desconfiada, pero me parece muuuuy conveniente la aparición de esa niña, en fin, espero estar equivocada).

 

Nina era una niña brillante y cálida.

 

Desde bailar y actuar hasta maquillaje y bordado, pasando por las artes culinarias y tiro.

 

(Becky: Una niña con tales dotes actorales y talentos me resulta aún más sospechosa).

 

La mayoría de las prisioneras que recibían diversos entrenamientos eran adolescentes, pero Nina era la más joven. Quizás por eso, los instructores no eran tan estrictos con ella como con las demás prisioneras.

 

La llevaron allí contra su voluntad y le obligaron a realizar un entrenamiento por razones desconocidas, pero al final, ese lugar también era un lugar donde vivía gente.

 

La presencia de una niña que parecía inocente, imperturbable ante la ansiedad, se extendió rápidamente entre los prisioneros. No había nadie que no amara a Nina.

 

En ese ambiente, la única que no intercambió palabra alguna con Nina fue Karen.

 

Nina hablaba a menudo con Karen, como hacía con todos los demás, buscando acercarse a ella. Pero Karen nunca la saludó ni una sola vez.

 

Pero después de que Louis falleciera sin siquiera un funeral, Nina comenzó a acercarse nuevamente a Karen, quien vivía desesperada, deseando su propia muerte.

 

—Hermana, no llores…

 

A pesar de que le decía fríamente que se alejara, y de sus gritos para desahogar su ira, Nina continuó acercándose.

 

—Todo el mundo te quiere, ¿así que esperas que yo también lo haga? Por favor, lárgate, me das rabia.

 

A pesar de sentirse incompetente, desquitó su ira con la niña durante mucho tiempo. Sin embargo, Nina seguía dándole comida caliente y permanecía a su lado cuando ella agachaba la cabeza y lloraba.

 

《—Espero que ya no sigas tan triste. Estoy segura que estaremos bien en Kustia.

 

De hecho, tal vez sólo quería vivir.

 

El hecho de que no pudiera quitarse la vida, aunque deseaba morir, demostraba su falta de valor. Sin embargo, como sentía que su hermano había muerto por su culpa, la culpa le impedía vivir.

 

Nina le dio a Karen una razón para vivir.

 

—Mi hermana murió protegiéndome cuando estallaron los bombardeos.

 

No pudo proteger a Luis, pero consiguió a alguien a quien sí podía cuidar.

 

—Si algo malo te pasara también, hermana Karen, me sentiría muy triste.

 

Al final, Kustia usó a Nina como correa para controlar a Karen. Mientras Nina estuviera con Kustia, Karen jamás podría traicionarlos

 

 

***

 

 

—Haa…

 

Sentía todo el cuerpo pesado, como si estuviera empapado, y no podía levantarse de su posición encorvada. Quería soltarlo todo. Así no tendría que esforzarse para levantarse y mantenerse en pie sobre sus piernas rotas.

 

Pero no podía hacer eso.

 

|Por mi culpa…|

 

La persona atada a una silla y empapada en sangre en lo que se presumía que era un sótano era claramente Nina.

 

A menos que planearan deshacerse de ella, no había razón para que la mataran. Sin embargo, para moverla de su vacilación, era posible que hirieran a Nina sin tener que matarla.

 

Quería preguntarle a Nina cuánto le dolía y dónde y cómo la habían tocado, pero no podía.

 

En la tienda de madame Borne no se permitían conversaciones que pudieran revelar la identidad o inferir planes debido a posibles escuchas telefónicas.

 

Para garantizar la seguridad de Nina, tenía que moverse como ellos querían.

 

Pero…

 

Karen apretó los puños.

 

Porque la cara de un hombre apareció en su cabeza.

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