
《—¿Amabas a mi hermano?
Él era un hombre que nunca se había percatado que ella estaba seduciendo a Arthurus, y que siempre sonreía brillantemente cuando lo veía.
Sierra se quedó momentáneamente desconcertada por la pregunta del hombre al que siempre había considerado fácil de manejar.
Ya no sentía ningún apego hacia Arthurus. No había forma de que lo perdonara por lastimar a su mujer.
Entonces, mintió lo mejor que pudo para lograr que al menos Cato sea su aliado.
—¿No confías en mí?
—Lo hago.
Como siempre, terminó engañado por sus mentiras.
—Llegué a hacerlo.
Pero sólo bastaron unos segundos para que la ilusión de Sierra se hiciera añicos.
—Tú realmente… participaste en el secuestro de la mujer de mi hermano.
—¡Cato! ¿Qué estás diciendo?
Este no era el Cato que Sierra conocía.
Aunque sonreía de la misma manera, la emoción en su rostro era profundamente triste.
—En parte, ya lo sabía. Y, sin embargo, sigues mintiendo, diciendo que a quien amabas era a mí.
—Es verdad. Eres el único a quien amo. ¿Cómo puedes no confiar en mí?
A medida que la situación se hizo más urgente, Sierra lo reprendió por no ser capaz de confiar en su novia y no poder salvarla.
Pensó que seguía enamorado de ella al verlo tan amable, no podría alejarse de ella, incluso si fuera por un sentimiento de culpa.
Al mismo tiempo, estaba llena de orgullo porque no había forma de que Cato soltara su mano.
—¿Sabes qué, Sierra?
Pero, Cato, cariñoso y tranquilo,
—Tienes la costumbre de levantar las cejas cuando mientes.
Le soltó la mano.
—Tú, en cambio, no sabes nada de mis hábitos. Nunca me amaste.
Fue un comentario muy duro. Debería haberlo negado de inmediato… No pudo hacerlo, como si la inesperada brusquedad de la otra persona le hubiera cerrado la boca.
—Porque yo sí lo sé todo sobre ti.
La triste pero fría confesión de su prometido continuó. No era la típica confesión de amor, sino una confesión de los sentimientos desdichados que había estado ocultando.
—Porque te amaba te observé, y porque quería cuidarte memoricé todos tus hábitos.》

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