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El lugar donde se quebró la rosa dorada - Capítulo 68

 

Episodio 68

 

 

Escondió la carta arrugada tras ella, pero los ojos de Jude Cullen ya se habían posado en sus manos.

 

—Le escribí a mi hermana para avisarle que iba a visitarlo, señor.

 

En una atmósfera extrañamente incómoda, David habló con voz alegre, como la de un niño imprudente.

 

—Viniste corriendo tan rápido, ¿tenías miedo de que contara tu pasado?

 

Karen tragó saliva con dificultad y miró alternativamente entre David y Jude Cullen. Entonces, cuando el anciano la miró directamente, ella bajó la mirada. Se preguntó si David, ese loco bastardo, habría contado algo peligroso.

 

No podía ser cierto, aún así no podía mirar a Jude Cullen a los ojos, por miedo a enfrentar la verdad.

 

Desde el momento en que bajó del carruaje, corrió por el amplio jardín y subió las escaleras, sin detenerse. Considerando la magnitud del jardín y la mansión, no era una distancia corta en absoluto.

 

Ahora, Karen ni siquiera podía recuperar el aliento; solo tragaba saliva con dificultad. Ni siquiera tuvo tiempo de recuperar el aliento. No, el aire era tan denso que resultaba sofocante.

 

—Karen.

 

Jude Cullen la llamó en voz baja.

 

Si no levantaba la vista, sería más incómodo. Karen se obligó a levantar la cabeza rígida y miró al anciano.

 

¿Será por el lazo de sangre? ¿O porque fue  el que crió a Arthurus?

 

A veces, Jude Cullen se parecía tanto a Arthurus que la dejaba sin aliento. Como ahora mismo.

 

La miraba con una mirada penetrante que le impedía saber qué estaba pensando. Ella sintió temblar la mano que sostenía la carta oculta detrás. Temía que ese temblor se extendiera por todo su cuerpo.

 

—A-abuelo…

 

Tartamudeó como si fuera culpable. Finalmente, Jude Cullen abrió los labios muy lentamente, como si tuviera la intención de hablar. Karen cerró los ojos, incapaz de contener el miedo.

 

—Tu hermano resultó ser muy encantador.

 

—…

 

—Gracias a él pude escuchar historias de tu infancia.

 

Pero las palabras no fueron acusaciones frías ni críticas despectivas.

 

Parpadeó un par de veces y luego miró al anciano con una expresión de sorpresa en su rostro.

 

Él estaba sonriendo de esa manera amable y juguetona que le resultaba tan familiar.

 

—Me dijo que bailabas bien desde pequeña. ¿Es cierto?

 

—Ya se lo dije, señor. Desde niña, siempre fue muy flexible y siempre lucía espectacular al bailar.

 

Jude Cullen y David Meyer parecían muy cómodos, como si se hubieran convertido en amigos cercanos.

 

|No dijo nada…|

 

Sí. Por supuesto.

 

Creer que un bastado loco como él revelará que ella es una espía. ¿Quién la convirtió en espía para empezar?

 

Si la atrapan, el resto de agentes ocultos en Gloretta también se hundirán con ella.

 

Y aun así, se dejó engañar por una ridícula carta y vino corriendo… Estaba completamente a merced de David Meyer.

 

—Mi hermano, ¿no fue grosero?

 

—Para nada. Fue muy agradable.

 

Jude Cullen respondió con una voz más amable y tranquila de lo habitual.

 

Sólo entonces Karen pudo reprimir el temblor de las yemas de sus dedos y sonreír brillantemente como si nada hubiera sucedido.

 

—Qué alivio.

 

Después de eso, su mirada se posó en David.

 

—Entonces tomaré a mi hermano y nos retiraremos.

 

Se acercó a David y le agarró por el brazo.

 

—Supongo que debería retirarme, mi hermana ya me ha dado bastantes señales.

 

—Vayan con cuidado.

 

Estuvo ansiosa por si Jude Cullen sugería cenar juntas, pero por suerte no fue así. Los despidió con una expresión amable.

 

La imagen del hombre riendo a carcajadas y de Karen liderando el camino mientras le tiraba del brazo le recordó a un hermano pequeño imprudente y a su hermana mayor cuidándolo.

 

Sin embargo, el rostro de sonrisa cálida al hablar y ojos que hacían contacto visual tomaron un tinte de frialdad cuando Karen se dio la vuelta.

 

—Ya ha pasado un tiempo desde que has movido ciertas fichas para mí.

 

Cuando el sonido de Karen y su hermano desaparecieron por completo, Jude Cullen habló con su mayordomo en voz baja.

 

—Adelante, señor.

 

—Necesito que investigues a esa persona.

 

—¿Se refiere al joven Luis Shanner?

 

—Así es. Y, además…

 

Jude Cullen se quedó en silencio por un momento, como si estuviera pensando seriamente, y al final mencionó el nombre de otra persona.

 

—Y sobre Karen.

 

—Respecto a Karen, ¿no tiene ya la información que solicitó cuando se enteró de su relación con el duque?

 

—Necesito algo más detallado y preciso. Investiga rigurosamente a esos hermanos.

 

Jude Cullen se había desempeñado durante mucho tiempo como representante del duque Kloen y de la duquesa, en lugar de un joven Arthurus. Fue también quien sentó las bases de la compañía militar “Arthurus”, que Arthurus dirigía ahora.

 

Pero cuando lo dejó todo, hacía tiempo que se había transformado en un anciano amigable que encontraba alegría en la vida.

 

Por primera vez en mucho tiempo, mostró su antigua mirada cargada de agudeza.

 

—Manténlo en secreto de Arthur.

 

El mayordomo inclinó la cabeza fielmente.

 

Tanto el patrón como el mayordomo esperaban que esa sensación ominosa fuera solo una preocupación excesiva. Pero el mayordomo lo sabía muy bien.

 

Cada vez que su señor tenía esa mirada penetrante, su instinto no se equivocaba.

 

(Becky: David alborotó el gallinero)

 

 

* * *

 

 

Karen, huyendo de la mansión Cullen, llegó al centro y echó un vistazo. Mientras buscaba un lugar para evitar la atención de la gente, se metió en un callejón cerca de la zona de restaurantes y empujó bruscamente a David.

 

A pesar de la enorme diferencia de tamaño, David fue fácilmente empujado contra la pared por la fuerza de Karen. Levantó ambas manos en señal de rendición, con una sonrisa burlona en los labios.

 

—¡Qué caraj…!

 

Karen miró rápidamente dentro y fuera del callejón tras alzar la voz sin darse cuenta. Aunque estaban en una esquina, si alzaba la voz, llamaría la atención.

 

—Pfft…

 

—…¿Te divierte?

 

David observó como si estuviera viendo un espectáculo de payasos y se echó a reír.

 

—No, en realidad no…

 

—…

 

—Luces tan cautelosa, como un animalito arrastrado al matadero.

 

La ansiedad y la ira que había intentado reprimir la invadieron. Pero Karen no pudo expresar esos sentimientos y, en cambio, se mordió el labio inferior con fuerza. El tono cachoso de David le causaba repugnancia, pero la amargura que emanaba de las comisuras de sus labios resultaba incómoda.

 

—¿Por qué fuiste con el abuelo? ¿Por qué demonios lo hiciste?

 

Todo lo que Karen pudo hacer fue mantener la voz lo más baja posible mientras lo reprendía.

 

—Todo iba bien. Ya se había abierto completamente a mí… ¡Casi lo arruinas todo! ¿Lo sabes?

 

—¿Qué estaba yendo bien?

 

—¿Preguntas porque no lo sabes? ¡Pues claro que la obtención de información…!

 

—…

 

—El primer paso para eso era ganarse el corazón del abuelo y de Arthurus. ¡Y por fin lo había logrado! Entonces, ¿por qué no pudiste esperar antes de arruinarlo todo?

 

Nerviosa, ansiosa y asustada.

 

Pero no puede gritar ni enojarse.

 

Era todo un espectáculo verla patear el suelo mientras lo agarraba por la ropa y lo sacudía, como a una niña al que le han quitado sus posesiones más preciadas.

 

—¿Sabes qué? Me encanta cuando te aferras a mí.

 

—¡Davi- mph…!

 

Karen tuvo que tragarse el “David” que casi escapó de su boca, porque él le tapó la boca y la empujó contra la pared.

 

La situación se invirtió por completo. Karen quedó atrapada entre la pared y el cuerpo masculino. Era una situación desventajosa, pero Karen no se resignó. Lo miró con sus ojos cargados de veneno.

 

—¿Cómo va todo? Me enteré de que tuviste una fiesta familiar de Navidad.

 

—…

 

—En un lugar donde podría haber descubierto algo importante, me dejaste fuera a propósito, a mí, tu hermano menor.

 

La mano que cubría los labios y la nariz de Karen se apretó gradualmente como para asfixiarla.

 

Ella intentó respirar por los labios, en la palma de David. La gente que se movía con ajetreo fuera del callejón no podía oír su débil respiración, pero él sí que la sentía con claridad. Su respiración, sus labios y nariz aplastados por su mano, las manos femeninas arañando la pared sucia con las uñas en tensión.

 

Lo vio, lo oyó y lo sintió todo.

 

—Solo con ver cómo te diriges a ellos es obvio. El tono con el que nombras a Jude Cullen y al duque Kloen son demasiado amables.

 

—…

 

—Despierta, hermanita. Esto no es un cuento de hadas.

 

La mano de Karen, que había estado arañando la pared, finalmente comenzó a arañar el brazo y el dorso de la mano de David.

 

—Si no eres útil, serás descartada. Algo así como los perros de la casa del Mayor Skyborough.

 

—¡Mph, nhh!

 

—¿Pero qué pasa si no conoces tu lugar? Hasta las mentiras más obvias tienen un límite, ¿huh? ¿Decías que todo va bien?

 

—Mm, hnn…

 

—¿Debería deshacerme de mi hermana con mis propias manos? ¿Quieres que lo haga, hermanita? ¿O…?

 

David, que la había estado llamando “hermanita” de manera tan repugnante y constante, presionó su cuerpo contra el de ella e inclinó la cabeza cerca de su oreja.

 

—¿…quieres seguir los pasos de “Luis”?

 

Era una pregunta sobre si estaba arruinando todo a propósito o si intentaba suicidarse. Karen, con la boca tapada y sin poder respirar bien, no podía responder. No parecía que David realmente quisiera una respuesta.

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