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El lugar donde se quebró la rosa dorada - Capítulo 67

 

Episodio 67

 

 

—Solo le dije que debíamos tener cuidado porque era una fiesta con muchos nobles reunidos, al parecer ella se contuvo.

 

—¡Oye! Estás siendo demasiado duro con la señorita Karen.

 

—Sí, fui demasiado lejos.

 

Arthurus sabía muy bien que desconfiar de los demás era un problema crónico.

 

Si algún empleado cometía errores frecuentes o no entregaba sus informes, mandaba a que investigaran si era un espía de otra compañía militar o de Kustia. En los primeros días de la post-guerra, denunciaba a cualquiera que le pareciera mínimamente sospechoso, alegando que podría ser un espía.

 

Porque la guerra no ha terminado.

 

No, incluso si la guerra hubiera terminado, no podría bajar la guardia a menos que el poder nacional del enemigo se debilitara.

 

En particular, al tener antecedentes por asesinar a oficiales enemigos de alto rango, por su propia seguridad, debía sospechar de todo.

 

Pero esa era solo una forma de sobrevivir. No había necesidad de aplicar el método que había elegido para su propia supervivencia y el bien de su país a la mujer que tanto amaba.

 

¿Por qué mintió Karen?

 

Era cierto que surgían tales dudas, pero Arthurus no tenía intención de ahondar en las razones.. Intentar averiguarlo en sí mismo no era diferente de dudar.

 

—Si tienes tanta confianza, hoy puedes tomarte las cosas con calma.

 

Arthurus sacó a relucir a propósito un tema que haría que Lois se olvidara de Karen y su hermano.

 

—Si estás listo para reunirte con un montón de viejos quejosos en la junta regular de mañana.

 

Como era de esperar, se escuchó el lamento de Lois.

 

 

* * *

 

 

Un cuerpo esbelto que vestía un leotardo, una falda y medias, aterrizó suavemente en el suelo suave con las piernas estiradas hacia ambos lados.

 

En una sala donde solo una de las paredes estaba llena de espejos, lo que fue posible gracias a Arthurus, era difícil bailar correctamente, pero era posible estirarse o practicar movimientos ligeros.

 

Karen estiró las piernas y se inclinó hacia un lado para estirar su cuerpo, luego agarró la barra y se puso de puntillas.

 

—Ah…

 

No le costó nada ponerse de puntillas, habiendo practicado ballet tanto tiempo, hasta el punto que se podría decir que lo hizo “toda su vida”. Sin embargo, sentía que su cuerpo se había vuelto pesado tras un largo descanso.

 

Aunque Arthurus había sido muy cuidadoso con su dieta, insistiendo en que necesitaba ganar peso, en realidad no lo había logrado.

 

No era el tipo de persona que subía de peso fácilmente, y después de sufrir cierto tormento cada noche…

 

(Becky: Vaya, alguien está siendo muy insaciable e.e).

 

—Uff…

 

Al recordar algo que había sucedido la noche anterior, se le doblaron los pies. Al caer, se los examinó rápidamente. Tras flexionar los tobillos y levantarse para caminar, afortunadamente, parecía ilesa.

 

—Gracias a Dios…

 

Hacía tiempo que no practicaba y había estado viviendo con demasiada comodidad, así que incluso los movimientos básicos de ballet le resultaban difíciles. No le costaría hacerlos bien, considerando lo mucho que había practicado antes, pero los pasos de ballet, ahora, no le salían tan familiares ni naturales como un pájaro volando en el cielo.

 

Era hora de empezar a practicar de nuevo.

 

Su vida diaria últimamente era tan cómoda y agradable que, sinceramente, se preguntaba si estaría bien. Pero Karen aún quería bailar.

 

Sólo los momentos de baile feroz la liberaban de todas sus preocupaciones.

 

Teniendo la vida de una marioneta, las emociones al momento de bailar eran enteramente suyas.

 

Si los pájaros vuelan en el cielo, Karen volaba en el escenario.

 

Para ella, su amor por el baile era inevitable, era el único momento en el que podía ser libre.

 

Frotándose los dedos de los pies, se levantó de nuevo y se agarró a la barra, pero al final ni siquiera pudo practicar movimientos básicos ligeros.

 

Había pedido encarecidamente que no vinieran a buscarla mientras estuviera practicando, pero alguien tocó la puerta.

 

—…Señorita.

 

Quizá consciente de su desobediencia, Lena entreabrió la puerta ligeramente y llamó con cautela.

 

—¿Qué ocurre?

 

Karen se sintió ansiosa al ver que su flexibilidad ya no era la misma que antes, pero no quería hacérselo saber a Lena, que era más joven que ella. Adoptó una expresión más amable, y solo entonces la doncella sonrió radiante y entró en la sala de práctica.

 

—Su hermano le dejó una carta.

 

—…¿Luis?

 

—Sí. No entró, aunque parecía que algo pasaba. Dijo que con entregarle la carta era suficiente.

 

¿Por qué demonios él…?

 

A David se le concedió acceso sin restricciones a la residencia ducal, bajo el pretexto de que era el hermano menor de alguien que ni siquiera era su verdadera familia.

 

Habiendo estado usando esa excusa con gran éxito, ahora solo dejó una carta en la puerta por alguna razón…

 

¿Por qué? Tenía un mal presentimiento.

 

Karen tomó la carta de Lena, con las manos temblorosas por una fuerza inquebrantable.

 

—…

 

Su rostro palideció al desdoblar la carta y empezar a leer.

 

—…¿Señorita?

 

—Un momento…

 

—¿Sí?

 

—Regreso en un momento.

 

—¡S-señorita!

 

Karen salió corriendo vistiendo sólo su abrigo y su ropa de práctica.

 

El mayordomo no tuvo tiempo de detenerla. Ella había salido corriendo con una mirada que parecía como si se le hubiera caído el mundo.

 

 

* * *

 

 

—¿Hay una visita?

 

Jude Cullen, que estaba tomando té tranquilamente después de la cena, dejó su taza de té cuando escuchó que había llegado una visita.

 

Habiéndose retirado del mundo de los negocios, solo recibía visitas de sus nietos y de Karen. De vez en cuando, amigos de su juventud lo visitaban, pero nunca sin previo acuerdo.

 

—¿Quién dijo que era?

 

—Dijo que era el hermano menor de la señorita Karen.

 

—¿El hermano de Karen?

 

El anciano frunció el ceño ligeramente.

 

Como Karen y Arthurus iban a casarse, la familia de Karen también era su familia. Pero normalmente, el hermano menor de la novia no visita a los padres ni al abuelo del hombre con el que sale su hermana mayor.

 

La visita inesperada despertó su curiosidad.

 

—Es el hermano de Karen. No podemos dejarlo desatendido. Déjalo entrar.

 

El mayordomo salió a recibir la visita.

 

—El hermano, el hermano dice…

 

Todo lo que Jude Cullen sabía era que Karen se preocupaba profundamente por su hermano pequeño, y que parecía muy triste cada vez que hablaba de él.

 

Su curiosidad despertó. Con sus padres muertos, era natural que sintiera una punzada de tristeza, pero, ¿por qué parecía tan triste, o incluso peor, cada vez que se mencionaba a su hermano aún vivo?

 

Incluso si Arthurus y Karen se casaran, el anciano pensó que solo vería a dicho hermano en la boda.

 

Pero si venía a visitarlo en persona… estaría bien conocerlo. Sería un error negarle la entrada a una visita que ya había llegado, alguien que se convertiría en familia.

 

Sin embargo, seguía quedando una espina.

 

Jude Cullen no sintió ganas de darle la bienvenida a la visita.

 

¿Llegar sin previo aviso?

 

No.

 

No era usual.

 

¿Por qué lo visitaba el hermano menor de Karen? ¿De qué podrían hablar?

 

Tenía un mal presentimiento. No parecía que iba a resultar algo bueno.

 

Mientras estaba perdido en sus pensamientos, las sirvientas trajeron con prisa otra ronda de refrigerios.

 

Como llegó sin previo aviso, no podían ofrecerle un trato especial. Esperar lo contrario habría sido una desfachatez de su parte.

 

—Señor, ha llegado un invitado.

 

Jude Cullen levantó la vista para saludar a quien había interrumpido su tranquila tarde. Detrás del mayordomo, un hombre con sombrero de ala larga y ropa ligera a pesar del frío salió con la cabeza bien alta.

 

—Encantado de conocerle, señor.

 

—…

 

—Oh, el mayordomo lo llamó “señor”, así que pensé en seguir el ejemplo. ¿Le parece bien?

 

Jude Cullen no apartaba la vista del rostro del hombre que supuestamente era el hermano menor de Karen. El color de su cabello, de sus ojos y su atractivo físico eran bastantes similares a los de ella. La curva de sus labios al sonreír, la forma en que sus ojos se cerraban suavemente, eran parecidos.

 

Pero… ¿Por qué?

 

Por alguna razón, resultaba incómodo mirarlo. La apariencia y la expresión del hombre que se parecía a Karen no parecían reales, como si fuera una imitación cuidadosamente elaborada.

 

—Encantado de conocerlo.

 

Jude Cullen lo saludó muy tarde y le ofreció un asiento.

 

—Desconozco el motivo de su visita, pero por favor póngase cómodo.

 

Tan pronto como le ofreció un asiento, el hombre se sentó justo frente a él, como si hubiera estado esperando eso.

 

Grosero, sin modales y sin ganas de disimularlo.

 

En esos aspectos, no se parecía en nada a Karen

 

—Entonces, ¿qué asunto le trae a buscar a este anciano?

 

—¿Qué otra cosa podría ser?

 

El hombre habló de nuevo, mostrando una sonrisa similar a la de su hermana.

 

—Vine a hablarle de mi hermana.

 

 

* * *

 

 

Apenas descendió del carruaje, Karen salió disparada como una flecha hasta la entrada principal de la casa Cullen. Al verla, un sirviente la reconoció y le abrió la puerta de inmediato, tras lo cual ella se dirigió al comedor, donde a esa hora debía encontrarse Jude Cullen.

 

—¡Abuelo…!

 

Hasta entonces, Karen había tenido esperanza.

 

De ninguna manera. Seguro que ese loco no lo arruinaría todo.

 

Pero David Meyer estaba aún más loco de lo que Karen creía.

 

 

「Hola, hermana.

 

Escuché que hubo una fiesta espléndida por navidad en la casa Cullen.

 

¿Y que incluso los bailarines del Swan’s ballet asistieron?

 

Me entristece mucho que me hayas dejado fuera, siendo yo tu hermano pequeño.

 

¿Lo sabrá ese tal Jude Cullen, a quien tratas tan bien como si fuera tu propio abuelo?

 

Que eres una hermana tan mala que lastima a su hermano de esta manera.

 

Me temo que quizá no lo sabe, así que se lo haré saber amablemente y en persona.

 

Tengo mucha curiosidad.

 

Cuando ese anciano descubra tu verdadera identidad, ¿seguirá tratándote como si fueras su familia?

 

Si quieres saber el resultado, apresúrate en llegar a la casa Cullen

 

Con amor,
De tu obediente hermano, Luis~」

 

(Becky: Tengo el estómago en la boca).

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