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El lugar donde se quebró la rosa dorada - Capítulo 76

Episodio 76

 

 

Alice salió furiosa de la compañía de ballet.

 

Sabía que irse tan enfadada solo la perjudicaría. Al fin y al cabo, tendría que volver a la sala de ensayo al día siguiente… También sabía perfectamente que enojarse con la coreógrafa no le serviría de nada. Pero aun así, no podía controlar sus emociones. Por mucho que lo pensara, sentía que ella tenía la razón.

 

La enfurecía el talento de Karen, a la que nunca podía alcanzar por mucho que lo intentara.

 

Luego sintió lástima por sí misma, por no poder esforzarse tanto como ella.

 

Hacía su mejor esfuerzo. Podía decir con seguridad que sus horas de práctica eran iguales, o incluso superiores, a las de otras bailarinas. Sin embargo, era innegable que aún estaba muy lejos del nivel de Karen.

 

Cuando Karen sufrió el accidente de carruaje y tuvo que abandonar el escenario antes del fin de la temporada, Alice estaba emocionada, aunque el papel principal disponible no fuera suyo.

 

Cuando supo que le habían disparado, se alegró. No esperaba que regresara tan fácilmente reclamando el papel protagónico.

 

Mientras caminaba hacia su casa, que no estaba muy lejos,la invadieron la tristeza, la ira y el desprecio por sí misma durante un buen rato.

 

—Disculpe.

 

Pero entonces alguien le bloqueó el paso. Quería irse a casa rápido, acostarse y consolar su angustia…

 

Ya estaba empezando a irritarse con la persona que la detuvo.

 

—¿Qué sucede?

 

Alice, intentando ordenar sus pensamientos, levantó la cabeza. Ante sus ojos había un caballero de mediana edad.

 

—¿Es usted la señorita Alice Norman del Swan’s Ballet?

 

—Así es. Pero, ¿quién es usted?

 

El hombre se quitó el sombrero e hizo un leve saludo.

 

—Vine en su búsqueda por orden de mi superior.

 

—¿Q-quién es usted para hablar así…?

 

—Soy el mayordomo de la familia Cullen.

 

Si conocía quien era Arthurus Kloen, naturalmente también conocería a Jude Cullen. Solo después de saber de qué bando provenía, Alice bajó la guardia.

 

—P-por qué me necesita la familia Cullen…

 

—Mi señor desea verla con respecto a la señorita Karen.

 

—¿A mí?

 

—¿Le gustaría acompañarme?

 

Fingía pedir su consentimiento, pero si ella se negaba, parecía decidido a obligarla a ir. Alice tragó saliva con dificultad.

 

Últimamente no había estado buscando pelea abiertamente con Karen, así que no creía que le fuera a pasar nada malo. De todas formas, no parecía tener derecho a negarse.

 

—Está bien.

 

Alice decidió seguir al mayordomo obedientemente.

 

 

* * *

 

 

—Mi señor, ella está aquí.

 

Jude Cullen, con gafas y bebiendo té negro, leía un libro. Colocó un marcapáginas en la página en que se quedó y miró fijamente a Alice.

 

—Encantada de conocerla. Aunque no me presente, ya sabe quién soy, ¿verdad?

 

—…Sí.

 

Se quitó las gafas que llevaba en la nariz, las colocó sobre el libro grueso de tapa dura y le ofreció asiento.

 

Ella se sentó torpemente, jugueteando con la solapa de su blusa.

 

—¿Por qué la familia Cullen querría verme a mí, una simple bailarina…?

 

La mente de Alice bullía de posibilidades.

 

¿Le iba a llamar la atención por los problemas que tuvo con Karen?

 

Seguramente el anciano no querrá patrocinarla, ¿no?

 

—…

 

La mente de Alice estaba cada vez más fijada en esto último, mientras la mirada de Jude Cullen estaba fija en ella.

 

—Señorita Norman.

 

—Sí, sí…

 

—Tengo una propuesta para usted.

 

—¿P-propuesta?

 

—Puede negarse. Sin embargo, debe jurar mantener en secreto su visita a mi casa el día de hoy y la propuesta que le haré. Sin embargo, le aseguro que aceptar esta oferta no la perjudicará.

 

Alice sintió que sus manos temblaban mientras se aferraban a sus rodillas.

 

¡Qué debería hacer, qué debería hacer!

 

Al parecer un anciano jorobado sigue siendo un hombre y alberga lujuria una bailarina.

 

Aunque envidiaba la unión romántica del duque Kloen y a Karen, que era muy diferente al de una bailarina y su patrocinador, no quería a un hombre tan viejo como su nuevo patrocinador.

 

Dijo que no habría consecuencias por rechazar la propuesta, pero, ¿cómo podía creer eso?

 

Alice esperó las siguientes palabras del anciano, sintiendo como si la estuvieran arrastrando al infierno.

 

—¿Podrías mantener un ojo sobre Karen?

 

—…¿Sí?

 

La propuesta no se acercaba ni por un pelo a cualquiera de las posibilidades que se le habían ocurrido.

 

 

* * *

 

 

—Arthurus.

 

Como de costumbre, tras una juntaregular, Arthurus estaba a punto de subir a su coche negro con Lois cuando oyó una voz familiar llamándolo. El mayor Skyborough le sostuvo la mirada; sus ojos azul grisáceos parecían particularmente fríos y severos bajo el cielo gris, y sonrió mientras agitaba un paquete de cigarrillos.

 

—¿Un cigarrillo antes de irte?

 

Arthurus ladeó la cabeza, pensativo por un momento. Miró su reloj. Tenía algo de tiempo libre, así que un cigarrillo eno le vendría mal, pero…

 

—¿Ya lo has dejado?

 

—Creo que sí.

 

—¿Qué quieres decir con “creo que sí”?

 

Los cigarrillos eran algo que, una vez que les cogías el truco, era difícil de dejar. A menos que hicieras un esfuerzo consciente por dejarlos.

 

Pero últimamente, Arthurus no sentía la necesidad de fumar. Después de reencontrarse con Karen, antes incluso de darse cuenta, los cigarrillos habían desaparecido de sus bolsillos hacía rato.

 

—Entonces hazme compañía mientras fumo.

 

Arthurus miró fijamente al mayor Skyborough, quien le sostenía la mirada con expresión tranquila, entonces cerró la puerta del auto.

 

—Está bien.

 

El mayor Skyborough se dirigió a un lugar apartado donde no se podía filtrar la conversación, sacó un cigarrillo y se lo puso en la boca. Arthurus lo observó en silencio y abrió la boca cuando el cigarro fue encendido.

 

—Creo que usted mismo dijo que había dejado de fumar, mayor.

 

—Ah, sí, así fue.

 

Después de exhalar una bocanada de humo, el alto mando miró fijamente al cielo distante.

 

Tuvo cierta certeza desde el momento en que vio su persistente empeño por hablarle…

 

Estaba claro que el mayor Skyborough tenía algo muy importante que decirle

 

—La noticia saldrá mañana.

 

Ante esas palabras, Arthurus frunció el ceño en contemplación.

 

Recordó los innumerables artículos periodísticos a los que Karen había estado expuesta, desde el escándalo que lo involucró inicialmente hasta el secuestro. Inicialmente, había sido una relación contractual, por lo que Arthurus la había expuesto aún más a la prensa. Pero ahora, las cosas habían cambiado.

 

No tenía intención de permitir que Karen fuera expuesta a la prensa por nada que no fuera su amor.

 

—¿Sobre Karen?

 

—No, no. La señorita Karen no ha tenido ningún incidente grave últimamente, ¿o sí?

 

—¿Entonces sobre qué?

 

—Acabo de recibir dos noticias de última hora del país vecino.

 

El mayor Skyborough estaba frunciendo el ceño.

 

—¿Recuerdas al oficial Krost, de Deant, retirado, con quien formamos alianza durante la guerra?

 

—Por supuesto que lo recuerdo.

 

—Cuando anunció su candidatura para ser miembro del parlamento, nos burlamos de él… pero terminó siendo elegido.

 

Ceñudo, dejó caer el cigarrillo. Lo apagó con el pie, sacó otro cigarrillo y se lo puso en la boca. Habló en voz baja.

 

—Fue asesinado.

 

Su voz era impasible, hablando de la “muerte” de alguien. Sin embargo, tras haber luchado juntos en la guerra, Arthurus sabía que ocultaba deliberadamente sus emociones al dar noticias sombrías.

 

—Me enteré de la noticia a través de su embajada. Aún no ha llegado a la prensa, pero está previsto que se publique mañana. Es una noticia impactante, y como ocurrió en un país vecino tan cercano que se puede llegar en tren, los periodistas no deberían tardar mucho en enterarse.

 

A diferencia de su voz profesional, su rostro, que miraba fijamente al aire vacío donde se elevaba el humo del cigarrillo, reflejaba una profunda tristeza.

 

—Hay una segunda noticia. Dicen que Soeland, también una antigua nación aliada, ha arrestado a un gran número de espías enviados desde Kustia. Cerca de la mitad se suicidaron antes de ser capturados.

 

—…

 

—Volvamos a Deant. La mujer que asesinó al oficial Krost era una pintora llamada Marianne Lepon. Una espía.

 

Arthurus sabía de dónde había sido enviado la espía sin que se lo dijeran.

 

Porque solo había un país con el que habían formado una alianza y contra la que habían librado una guerra.

 

—Los espías en ambos países tenían algo en común. Todos tenían antecedentes de ser prisioneros en Kustia.

 

Al oír la palabra “prisioneros”, la mirada de Arthurus se agudizó. El mayor Skyborough, que incluso había apagado su segundo cigarrillo en el suelo, desvió la mirada del vacío para encontrarse con la de Arthurus.

 

—Aquellos que regresaron a su patria, solo lo hicieron para cometer traición.

 

—Cuál es la intención detrás de esta conversación.

 

—Ya lo sabes.

 

El mayor Skyborough se encogió de hombros y se obligó a sacar a colación el tema incómodo.

 

—La señorita Karen también es una ex prisionera de guerra.

 

—Mayor.

 

—Lo sé, lo sé. Tú, que eres un desconfiado, tienes buenas razones para confiar en ella. Pero Krost, ese chico, también era un desconfiado.

 

A medida que la conversación continuaba, la expresión de Arthurus se volvió más fría y distante. Pero sus sentimientos eran diferentes. Karen, cautiva, espía, traición, patria…

 

La conversación que siguió le irritó muchísimo.

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