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El lugar donde se quebró la rosa dorada - Capítulo 81

Episodio 81

 

 

—Por favor, David.

 

Karen le suplicó, sosteniendo el arma.

 

—Por favor, no mates al abuelo…

 

—¿De verdad quieres salvar a este viejo?

 

David preguntó, ofreciendo una oportunidad. Ella simplemente lo miró con ojos temblorosos, él esbozó una sonrisa.

 

—Entonces muere tú en su lugar.

 

—…

 

—Si ese anciano regresa con vida, le contará a Arthurus Kloen quién eres y te arrestarán. No puedo dejar que te lleven a rastras, para que te torturen y luego sueltes los nombres de los otros agentes, ¿verdad?

 

Lo único que sabía el anciano era que Karen y Luis Shanner, a quienes creía hermanos, eran en realidad espías de Kustia. El rostro de Karen ya era conocido por el público, así que ocultar su presencia era inútil.

 

David, que desde el principio se tiñó el pelo para parecerse a Karen y asumió la identidad del difunto Luis Shanner, podía esconderse fácilmente disfrazándose de otra persona, pero eso no funcionaría con ella.

 

Si la atrapan, al resto le sucederá lo mismo.

 

Así que, si no quería que mate al viejo para evitar que el secreto se filtre, le estaba diciendo que sacrifique su propia vida.

 

|Por favor, entra en razón, Karen.|

 

No creía que Karen se sacrificara de verdad. Al fin y al cabo, solo llevaba allí unos meses con Arthurus Kloen y Jude Cullen…

 

De ninguna manera entregaría su vida tan fácilmente.

 

—¿De verdad… dejarás con vida al abuelo?

 

Pero ella, con manos temblorosas, se apuntó con la pistola.

 

—¡T-tú, maldita loca…!

 

Intentó detenerla de inmediato. La vio cerrar los ojos.

 

—¡Karen…!

 

Ya casi la alcanzaba. Al mismo tiempo, la mano femenina ya apretaba lentamente el gatillo.

 

En ese momento, un fuerte grito los detuvo.

 

—¡Alto!

 

Era una voz tan fuerte que parecía un trueno. Era tan poderosa que costaba creer que proviniera de un anciano que hasta hace poco yacía indefenso en el suelo y al borde de la muerte.

 

Karen vaciló y se giró. Jude Cullen, que se había puesto en pie tambaleándose y se había apoyado contra la pared, los miraba con una mirada penetrante. Ella no pudo soportar su mirada, así que bajó la cabeza.

 

—Karen, ¿de verdad nos engañaste?

 

Ella se estremeció, su rostro se contrajo en una mueca de desesperación. Aunque la lluvia la había empapado completamente, la desesperación en su rostro delataba que estaba llorando.

 

—Lo siento…

 

—Entonces, ¿nunca fuiste sincera con Arthurus? ¿Fue todo una mentira?

 

Karen temblaba como una persona culpable, incapaz de sacudir o asentir con la cabeza.

 

En lugar de poder pronunciar las palabras en voz alta, solo pudo gritar interiormente.

 

No, abuelo.

 

De principio a fin, no todo fue una mentira.

 

Confié en ti y te seguí como si fueras mi propio abuelo.

 

Arthurus, ese hombre…

 

Realmente, verdaderamente, asombrosamente…

 

Aun cuando el agua fría le salpicaba la cara, podía sentir vívidamente las lágrimas calientes que corrían por el rabillo de sus ojos.

 

Tenía la vista borrosa y no podía ver el rostro de Jude Cullen mirándola fijamente. Solo podía suponer que seguía observándola. Pronto, vería brotar resentimiento del hombre que la había tratado con tanto cariño que la hacía sentir como su propia nieta.

 

—Está bien, con eso basta.

 

Pero él no hizo eso

 

Como si lo supiera todo con solo mirarla, con solo mirarla a los ojos.

 

—…Karen, te haré solo una última petición.

 

—…

 

—Arthur, no traiciones a ese muchacho.

 

Le suplicó desesperadamente a alguien que prácticamente era una traidora, había mucha aflicción en su rostro.

 

—Ese chico no recibió el amor adecuado de sus padres y fue herido emocionalmente por mí, su abuelo. Nunca pudo abrirle su corazón a nadie, pero contigo hizo una excepción, lo sabes, ¿verdad?

 

Karen no podía entender a Jude Cullen. ¿Por qué le diría esas cosas, en esta situación?

 

En este preciso instante, cuando había descubierto que se acercó a ellos con un propósito oculto, cuando estaba a punto de morir para salvarlo. ¿Por qué le pediría que cuidara de Arthurus?

 

Y entonces comprendió el motivo.

 

—Estoy listo.

 

—¡Ugh…!

 

En cuanto Jude Cullen terminó de hablar, Karen fue atacada por la espalda, sin poder moverse.

 

—¡Gh-!

 

Le retorcieron la muñeca y le dieron un puñetazo en el estómago. Sintió como si se le hubiera parado el corazón y no podía respirar.

 

David la arrastró, en medio de su dificultad para respirar, hasta la tubería de desagüe del edificio. Luego, sacando una cuerda del bolsillo de su pantalón y atando las muñecas de Karen a la tubería, se acercó a Jude Cullen, que estaba apoyado contra la pared.

 

—N-no…

 

Ella ni siquiera pudo decirle a Jude Cullen que corriera porque apenas podía respirar.

 

—Para ser honesto, no esperaba que un anciano fuera tan perspicaz.

 

—Así que por eso, haaa… te atreviste a venir a verme.

 

Aun ante la posibilidad de ser asesinado, Jude Cullen mantuvo la cabeza erguida. Pero su respiración entrecortada y la mano que se aferraba constantemente a su corazón delataban su estado.

 

—Eliges morir protegiendo a una espía. ¿No te arrepientes? Tu nieto podría estar en peligro.

 

Al oír la palabra “nieto”, el rostro de Jude Cullen se llenó de angustia. La idea del nieto que dejaría atrás lo llenaba de preocupación y arrepentimiento.

 

Pero miró fijamente a David con ojos tan claros como los de un joven.

 

—Creo en la persona que elegí, en la sinceridad de ese momento.

 

Había, además, una razón algo más práctica. Incluso si Karen muriera por él, no había garantía de que aquel hombre le perdonara la vida a un simple anciano que ni siquiera podía escapar.

 

Así pues, Jude Cullen decidió depositar sus esperanzas en Karen.

 

Iba a creer en la sinceridad de esos ojos, en la imagen de esa niña que había visto durante el tiempo que estuvieron juntos.

 

Aunque solo fuera por poco tiempo, es una niña a la que había acogido como a un miembro de su familia.

 

Además, como caballero, tenía el deber de proteger a una mujer, y como mayor, tenía el deber de proteger a alguien menor.

 

Su intención era cumplir con su deber como caballero, como adulto y como miembro de la familia.

 

La elección de Jude Cullen ahora era una cuestión de deber y fe.

 

—Ha… ¿Qué clase de confianza es esa?

 

Esa pobre rata de Kustia no entendería nada, pensó Jude.

 

David se puso los guantes y le cubrió la nariz y la boca al anciano.

 

—¡NOO! ¡NO LO HAGAS, DAVID…!

 

Karen, apenas pudo respirar, gritó, pero nadie acudió en ayuda.

 

La intensa lluvia lo cubrió todo.

 

Los gritos desesperados de una mujer y el último aliento de un anciano.

 

(Becky: Ya no quiero seguir).

 

 

* * *

 

 

《La chica estaba agachada en un rincón, aparentemente oculta a la vista, presente y ausente a la vez entre la multitud. Quizás por eso la gente a menudo parecía ajena a su presencia.

Pero paradójicamente, esa es la razón por la que el joven Arthurus no dejaba de mirarla.

Personas que demuestran con valentía su voluntad de superar situaciones difíciles. Personas que se esfuerzan por ser enérgicas y vivaces en entornos sombríos.

Esas personas merecían respeto, pero no todos podían lograrlo. Ciertamente, hubo quienes, incapaces de superar su depresión, sucumbieron a la desesperación.

Aunque sus destinos eran diferentes, Arthurus pensaba que la chica se parecía a él.

Así como la gente se estaba cansando de la chica que parecía no tener ganas de vivir, el abuelo también se estaba cansando de los comportamientos extraños que tenía.

Por supuesto, no iba a negar que el rostro pálido femenino fue en parte lo que le impresionó de ella.

En algún momento, Arthurus y la chica comenzaron a tener breves encuentros nocturnos al aire libre, algo habitual. Por supuesto, esto era resultado de los esfuerzos de Arthurus, quien siempre se las ingeniaba para encontrarse con ella a ciertas horas, fingiendo que era una coincidencia.

Era un secreto que iba a llevarse a la tumba.

—Su excelencia… ¿Hay algo que desee hacer cuando termine la guerra?

Aunque a Arthurus no le importaba pasar un rato a solas juntos, ella parecía incómoda con el silencio.

Al verla esforzarse por encontrar palabras, él tomó su paquete de cigarrillos y sonrió en silencio. Ella, que movía los ojos nerviosamente como si alguien pudiera verla, cuando no había nadie cerca, no se dio cuenta del gesto

—Nada.

Arthurus respondió sin dudar.

Si el abuelo lo supiera, se escandalizaría, pero incluso después de que terminara la guerra, seguía pensando si debía quedarme en el ejército. No había nada que quisiera hacer, nada que quisiera lograr, nada que quisiera ver.

Desde niño, había albergado el romántico sueño de ser pianista, porque a su madre le encantaba cómo tocaba.

Pero ahora ya no había razón para perseguir ese sueño.

Solo quedaba el vacío, el hastío por la vida y pesadillas del pasado.

—¿Y tú?

—…

—¿Qué quieres hacer cuando termine la guerra?

—Yo…

La chica sonrió con ojos soñadores y vidriosos.

—Compraré una casa pequeña, trabajaré duro, ahorraré con diligencia y usaré ese dinero para vivir feliz con mi hermano menor.

—¿Hermano menor?

—Sigue cautivo en Kustia… pero no pasa nada. Nos volveremos a encontrar.

Arthurus se esforzó por no hacer ningún comentario que pudiera despertarla de sus sueños sencillos.

Lo más probable era que su hermano ya hubiera muerto, o incluso si la guerra terminara, iba a ser difícil reunirse con él.

Si decía algo así, esa leve sonrisa que vislumbraba un futuro esperanzador iba a desvanecerse.

Fue entonces cuando Arthurus tuvo, por primera vez, el absurdo deseo de proteger los sueños de alguien.》

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