El tono de voz estaba algo cargado de irritabilidad. Karen miró a su alrededor.
Al observar a las mujeres en la fiesta, se dio cuenta de que no era la única que mostraba piel. Ahora entendió por qué, cuando llegó por primera vez con el vestido, él dijo que hacía frío e intentó darle su chaqueta.
—No esperaba que fuera tan conservador.
Enojarse ante tan poca exposición… Karen se echó a reír.
—No hay vestido de noche oculte los hombros.
—Sí. Soy bastante conservador.
Mientras le subía el chal que colgaba debajo de sus hombros y le colocaba sobre los mismos, Arthurus bajó la cabeza y susurró una advertencia.
—Así que, lo que sea que expongas, hazlo sólo delante de mí.
Antes de la llegada de Arthurus, Karen se sentía ansiosa por una felicidad que podría terminar en ningún momento. Sin embargo, ahora que estaba cara a cara con él, ella reprimió conscientemente esa ansiedad.
Si la felicidad iba a terminar de todos modos algún día, quería disfrutar del momento.
—¿Por ejemplo, en la cama?
Habiendo siempre sido tímida, contraatacó con el rostro rojo y el rostro de Arthurus, antes enojado, se transformó repentinamente en una expresión vacía. Era como si alguien lo hubiera golpeado con un martillo en un momento inesperado.
—Haa…
Luego respiró profundamente y la abrazó.
—Por favor…
Suspiró, balanceándolos de un lado a otro como si se balanceara en una mecedora, mientras la sostenía en sus brazos.
—No me hagas querer despedir a esos molestos invitados y subir las escaleras.
Karen rió como una niña y se deleitó con su voz genuinamente angustiada. Parecía que por eso Arthurus hallaba deleite en molestarla
—Por favor, tenga paciencia. El abuelo trabajó muy duro para preparar esta fiesta.
—A partir de ahora, esta maldita fiesta de Navidad no volverá a ocurrir nunca más.
—El abuelo se sentirá decepcionado si escucha esto.
—…Por favor, mantén en secreto lo que acabo de decir.
Karen dejó escapar una carcajada alegre y frotó su mejilla contra el hombro masculino.
—Te ves muy cansada. ¿Estás bien?
Arthurus dejó de bromear y la miró fijamente. Quizás eso era lo que realmente quería decir.
Que le preocupaba que ella estuviera sola en un rincón.
—Es que todos me resultan desconocidos…
—Entonces, ¿fue difícil?
—…Sí. Supongo que sí.
Aunque no era su intención, Karen terminó haciendo una queja infantil.
Era cierto que era difícil porque solo había desconocidos. Pero eso no significaba que tuviera que esconderse sola en un rincón.
Arthurus miró a su alrededor. Todos los del Swan’s Ballet se habían marchado hacía rato, salvo unos pocos.
—Ojalá hubiera venido tu hermano.
Él murmuró en voz baja, como si lo lamentara. Pero Karen sintió que se le encogía el corazón al oír esas palabras.
Anteriormente, Jude Cullen también le había pedido que invitara a su hermano menor, diciendo que tenía curiosidad por su único y apreciado familiar.
Pero su único familiar había muerto hacía mucho tiempo…
—Luis está ocupado con el trabajo… así que no pude invitarlo…
Como no tenía confianza, solo pudo murmurar y decirlo.
Porque era una mentira, no la verdad.
—No lo estoy diciendo con segundas intenciones, así que no te encojas.
—…
—Tienes que enderezar los hombros y levantar la cabeza.
Cuando la voz de Karen se hizo demasiado baja para pronunciar una sola palabra, Arthurus habló en tono juguetón, como si intentara animar a una niña desanimada.
Pero Karen no podía atreverse a mirarlo y sonreír.
Porque su afecto, que parecía completamente ajeno a sus mentiras, la dejó sin aliento. Las puntas de sus dedos temblaban tanto que apretó los puños con fuerza.
Cuanto más le gustaba Arthurus, más difícil le resultaba mentirle.
—Umm…
Karen forzó una expresión brillante.
—Saldré y tomaré un poco de aire fresco.
—Qué bueno. Yo también me sentía sofocado.
—¡No…! Quiero salir sola.
Al final, su voz subió un tono, y el tono salió demasiado firme, contrario a su intención.
—…
Aunque Karen, que hasta ese momento se veía sombría, ahora parecía un poco enojada, Arthurus no dijo nada. Simplemente la miró con calma.
Ella giró la cabeza, sin la confianza suficiente para enfrentar aquellos ojos azules.
—¿Alguien ha sido grosero contigo?
Afortunadamente, el silencio de Arthurus no duró mucho.
—…Realmente no es eso.
—Si ese es el caso…
—Lo es. Creo que estoy un poco sensible por el cansancio.
—…
De repente, el agarre de Arthurus sobre la muñeca de Karen se tensó ligeramente. Pero eso solo duró un instante.
—Hace frío, así que no te quedes fuera mucho tiempo.
Arthurus volvió a su estado afectuoso y soltó la muñeca.
Prefirió esperar con calma en lugar de preguntarle la razón de su extraño comportamiento.
Ella asintió sin siquiera mirarlo a los ojos y salió corriendo a la terraza. Sintió la mirada del hombre en su espalda. Esa mirada persistente y preocupada hizo que acelere el paso.
—Haa…
Sólo después de salir a la terraza y evitar la mirada de Arthurus, Karen dejó escapar un suspiro de alivio.
|Arthurus me quiere.|
Era un hecho innegable.
Incluso el propio implicado lo admitía.
A medida que los sentimientos por ella se profundicen, Arthurus centrará cada vez más su atención en ella y reaccionará con mayor sensibilidad incluso ante los cambios más pequeños. Por otro lado, ella, que tiene mucho que ocultar, seguirá actuando de una manera que Arthurus no puede comprender.
Si algo así sucede repetidamente, su identidad podría verse descubierta mucho antes de lo esperado.
|¿Qué debo hacer? ¿Qué se supone que haga…?|
Karen cerró los ojos ante una situación que no podía resolver, ni escapar, ni ordenar.
—He oído que el escándalo que rodea a la familia del duque Kloen es el más interesante en estos días.
Escuchó las voces de algunas mujeres hablando en la terraza, como si no se hubieran dado cuenta que ella había entrado.
—El duque no solo anunció oficialmente que se casaría con una simple bailarina (ni siquiera es una noble), sino que también mandó encarcelar a la prometida de su medio hermano por formar parte de una conspiración de secuestro.
—¿Crees que eso es todo? La víctima del secuestro es la pareja del duque. Una bailarina que no difiere en nada de una cortesana de clase alta.
Su corazón, antes latiendo aceleradamente por el miedo, ahora lo hacía por una razón diferente. Le temblaban los puños.
No soportaba que difamaran su profesión, pero soportaba menos que insultaran a Arthurus por su culpa.
Aunque eran nobles, insultar al duque no era algo que se pudiera pasar por alto. Karen dio un paso adelante para acercarse a ellas.
—¿Entonces la señorita Sierra Miller fue condenada a cadena perpetua?
—Es una suerte que haya evitado la pena de muerte.
—Si lo piensas, ¿no fue gracias a Cato Kloen que evitó la pena de muerte?
Pero dejó de caminar porque el nombre de una persona familiar pero desconocida estaba siendo mencionado con seriedad a través de sus bocas.
Cato Kloen.
Era el medio hermano de Arthurus.
Aunque no tenía parentesco de sangre con Jude Cullen, el anciano lo trataba como su nieto.
Karen se encontraba a menudo con el abuelo, así que solía escuchar historias sobre Cato. Pero nunca las había oído de la boca de Arthurus. Solo había visto su rostro un par de veces y nunca había tenido una conversación formal con él.
—¿No deberían investigar también a Cato Kloen? Es famoso por ser hijo de una amante y por albergar un complejo de inferioridad hacia el duque.
–Es bien sabido que en una época, sedujo a todas las mujeres que tenían el más mínimo rumor de emparejamiento con el duque y pasaba la noche con ellas.
—Aun así, supongo que iba bastante en serio con Sierra Miller. Estuvieron juntos bastante tiempo.
—Es por eso que se necesita investigar más. ¿Podría ser que conspirara con su prometida?
—Oh, vamos, de ninguna manera-
Pronto estallaron en carcajadas, dejando a Karen con la interrogante de cuál era el chiste. Aquellas voces alegres, parloteando solo para su propia diversión, rasgaron su corazón como una cuchilla afilada.
|No puedo retroceder.|
Ellas eran las que estaban en el error. Si huye del lugar…
Allá donde vaya esa gente, seguirán hablando del duque como les plazca.
Karen se acercó a ellas, con los puños apretando la falda de su vestido.
—Lo que acabas de decir es un insulto a la familia ducal.
—¡S-señorita Karen…!
Las dos damas que habían estado charlando emocionadas se miraron una a la otra fijamente, como si se hubieran dado cuenta de que habían hecho algo malo.
—Sólo estábamos hablando del señor Cato, no del duque.
Y entonces empezaron a poner excusas. Era absurdo para quien las escuchaba.
—El señor Cato también es miembro de la familia ducal.
—¿Cómo podría ser el señor Cato un miembro del ducado Kloen? Es solo un hijo bastardo…
—…
—No. ¿No sabe nada sobre las circunstancias de la familia del duque Kloen, señorita Karen?
La mujer se cruzó de brazos y miró a Karen con altivez, como si pensara que Karen estaba protegiendo a Cato de manera ignorante.
Pero Karen no se avergonzó ni se acobardó ante aquella actitud.
Dejanos tu opinion
No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!
Por favor, introduzca su nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirá un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.