Como cada mañana, el chófer la llevó a la compañía de ballet.
Normalmente, Karen habría entrado directamente al edificio sin mirar a ningún otro lado, pero hoy dudó y fijó su mirada en un punto durante un largo rato.
Era el callejón donde vio por última vez a Jude Cullen.
Si dobla la esquina de ese callejón y se adentra un poco más, encontrará el lugar donde asesinaron al abuelo.
|Justo detrás del edificio que está frente al Swan’s Ballet.|
Cada día, al llegar a la compañía de ballet, intentaba por todos los medios ignorar el hecho de que sus ojos se sentían atraídos de forma inconsciente.
|Abuelo…|
La súplica final del anciano, rogándole que no traicionara a su nieto, aún resonaba en sus oídos. Aun sabiendo que ella era una traidora, él había demostrado su confianza en ella hasta la muerte.
|No debió confiar en mí.|
No iba a ser posible cumplir la petición del anciano bondadoso. No podía estar a la altura de las expectativas de alguien que la había acogido como a una nieta verdadera, que había creído en ella aun sabiendo que era una traidora que se le había acercado con intención.
Por eso, la persona que debía haber muerto aquel día tenía que haber sido ella. Al fin y al cabo, la única persona que podía proteger a Arthurus hasta el final era su abuelo.
|El abuelo debería haber vivido…|
Se le vino a la mente el Arthurus de la noche anterior.
Su aspecto le resultó extraño de algún modo…
Era imposible, no debería ser así, pero esa mirada aterradora en su rostro daba la impresión de que había notado algo…
—Señorita, ¿hay algún problema?
Al ver que Karen permanecía mucho tiempo sin entrar al edificio del ballet y observaba fijamente un punto, el chofer la llamó con preocupación. Los perros a su lado, quizá aburridos, gimotearon y frotaron sus hocicos contra la mano de Karen que sostenía las correas.
—…No es nada.
Forzando una expresión más alegre en su rostro sombrío, ella sonrió como si todo estuviera bien. Luego, sujetando con fuerza las correas de los perros, le dijo al chofer que lo vería por la noche y se adentró al edificio de la compañía de ballet.
* * *
El barón Theron quedó muy complacido con la propuesta de Arthurus de solicitar una función privada a la compañía de ballet.
Desde su punto de vista, era una oportunidad que podía aprovechar. Dado que bailarines de su compañía de ballet iban a actuar, él iba a poder asistir y establecer contactos valiosos.
La obra elegida para esta función, destinada exclusivamente a personas de alto rango, fue “La Sílfide”, que originalmente estaba prevista para otra temporada.
Naturalmente, la protagonista sería Karen.
Tras finalizar su conversación con el barón, Karen dejó a dos de los perros guardianes más dóciles junto la pared de la sala de ensayo y comenzó a practicar.
Dado que el personaje principal de “La Sílfide” tiene como protagonista a una sílfide, un espíritu del aire, la mayor parte de la música es ligera y animada.
Sin embargo, el final no lo es.
En este tipo de ballet romántico, la ligereza del cuerpo y las líneas gráciles son especialmente importantes.
Karen se alzó sobre las puntas de los pies mientras se observaba en el espejo. Elevó una pierna formando una línea vertical con facilidad y ejecutó los saltos sin dificultad.
Pero definitivamente sentía el cuerpo más pesado. Ya había descansado durante mucho tiempo, y el funeral de Jude Cullen la había tenido distraída durante un buen periodo…
|Esta actuación tiene que ser más perfecta que nunca.|
Karen siempre había perseguido la perfección, pero esta vez quería hacerlo especialmente bien. Al menos por Arthurus.
Y quizá fuera su última función.
No sabía cuánto tiempo más estaría en Gloretta, ya debería estar considerando seriamente el final. Quizá podría quedarse al lado de Arthurus más tiempo del que pensaba, pero también podría tener que dejarlo mucho antes.
Aún desconocía si el lugar al que llegaría tras dejar a Arthurus sería Kustia, o una prisión de Gloretta o la muerte, todavía no lo sabía.
—Karen Shanner.
Estaba tan absorta en su ensayo que apenas logró reprimir un suspiro por reflejo cuando escuchó una voz en su oído.
Era Alice Norman otra vez.
—Salgamos. Tengo algo que decirte.
—No lo creo. Estoy un poco ocupada.
—Ah, ¿así que aunque conseguiste el papel principal respaldándote en tu novio, igual practicas con diligencia?
—¿Ha habido alguna sola vez en que no me haya esforzado en los ensayos?
El otro día se había mostrado repentinamente servil, solo para volver enseguida a su actitud habitual. No entendía el cambio de Alice, pero la verdad es que no quería esforzarse en comprenderla.
Al recibir una respuesta acompañada de una expresión indiferente, Alice apretó los puños y bajó la voz en secreto.
—Si no quieres pasar vergüenza aquí, sal.
Empujando el hombro de Karen mientras salía, Alice atrajo las miradas de los demás bailarines.
Sacando a Alice del panorama, muchos bailarines también sentían celos de Karen desde tiempos inmemoriales. Pero casi nadie en la compañía de ballet ignoraba que Alice, más que nadie, odiaba a Karen.
Como Alice le susurró algo a Karen y luego salió, todos esperaban que las dos hubieran discutido o estuvieran a punto de hacerlo.
Alice había fingido ser considerada al pedirle que saliera, pero ya había llamado toda la atención posible.
Si esto llegaba a oídos de la coreógrafa o del directo más tarde, la única perjudicada sería la propia Alice…
Karen suspiró, se secó el sudor de la frente con una toalla que había sobre la barra y siguió a Alice al exterior.
Mientras caminaba por el largo pasillo, Alice ya estaba de pie en un rincón.
Iba a escuchar las acusaciones unilaterales y poner fin a ese momento incómodo.
—Si tienes algo que decir, ¿puedes darte prisa, por favor? Tengo que volver al ensayo.
—¿No te da vergüenza? Seguiste faltando a los entrenamientos después de regresar, ¿y ahora vuelves a asumir el papel principal?
—No seas irrazonable.
—¿Irrazonable?
—No se trata de una función oficial, sino de una presentación exclusiva para los socios de mi prometido. Si yo, como su prometida, soy una bailarina, resultaría aún más extraño que otra persona interprete el papel principal.
Las palabras de Karen no dejaban mucho margen para objeciones. Aun así, Alice se mordió el labio inferior, resentida.
—Pero en la temporada oficial también serás la protagonista, ¿no?
—Alice. ¿De verdad crees que, si yo no estuviera, tú serías la protagonista solo por tu talento?
—¡Por supuesto! A diferencia de ti, que no se sabe de dónde saliste, yo he seguido el camino formal desde pequeña para llegar hasta aquí.
Esa era la principal razón por la que Alice no soportaba a Karen.
Que el director hubiera visto bailar a alguien contratada como personal para tareas menores y la hubiera reclutado.
Era una historia bastante dramática.
Por supuesto, Karen había estudiado danza y otras artes desde muy joven bajo el gobierno de Kustia, pero eso era algo que no debían saber. Si una ex-prisionera de guerra afirmara haber aprendido a bailar, la gente sin duda sospecharía, así que no tuvo más remedio que presentarse como una genio.
Precisamente por eso, los bailarines que habían ingresado formalmente al ballet la envidiaban aún más.
—Es ridículo. Solo por mirar a escondidas y practicar de noche como un pasatiempo, ¿cómo puedes ser mejor que personas que han dedicado toda su vida a esto…?
La barbilla de Alice temblaba mientras hablaba, como si estuviera sufriendo. Aunque era quien profería palabras crueles, su reacción hacía parecer que la persona que observaba había hecho algo mal.
Pero Karen no podía permitirse compadecer el complejo de inferioridad de Alice. Apenas tenía fuerzas para sostener su propia vida; no le quedaba margen para ser generosa con los sentimientos de los demás.
—Aunque me odies, debes tolerarlo un poco más.
Dentro del ballet, Karen era una presencia ajena, alguien que apareció con el título de genio.
Antes de reencontrarse con Arthurus, bailar lo había sido todo para ella. Al menos cuando lo hacía, se sentía libre.
Pero ¿por qué, incluso dentro del ballet, Karen estaba sola? Amaba la danza, pero no podía pertenecer al grupo de quienes bailaban como ella. Viéndolo desde otra perspectiva, para quienes habían recorrido un camino fijo durante toda su vida, que una extraña les arrebatara el papel principal era algo inaceptable.
Quizá, si la étoile hubiera sido otra persona y no ella, Alice no se habría consumido así por los celos.
Karen no podía permitirse el lujo acoger a alguien que la envidiaba y le lanzaba palabras hirientes, pero tampoco tenía la energía para luchar con todas sus fuerzas.
—Yo todavía… Quiero estar un poco más de tiempo en el escenario.
Karen dijo solo eso y trató de pasar junto a Alice. Al ver el rostro de Alice, empapado en lágrimas, sintió que también a ella se le encendían los ojos.
Entonces Alice la agarró del brazo.
—Tú…
La miró con ferocidad. No era la intención, pero parecía haber interpretado las últimas palabras de Karen como una burla dirigida a ella.
—Realmente no quería decir esto, pero…
Los labios temblorosos de Alice se curvaron hacia arriba. Las palabras que salieron de su boca, forzadas en una sonrisa burlona, resultaron algo impactantes.
—Gracias a ti, recibí una suma bastante grande de dinero de la familia Cullen.
—…Tú, ¿por qué?
—A cambio de vigilarte.
Si el objetivo de Alice era provocar ondas de inquietud en la mente aparentemente tranquila de Karen, lo había conseguido.
Se había levantado una enorme ola sobre un lago que, en realidad, nunca había sido tranquilo.
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