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El lugar donde se quebró la rosa dorada - Capítulo 88

Episodio 88

 

 

—¿Acaso te ves con otros hombres? Me pidieron que informara detalladamente con quién te veías y qué hacías en tu día a día.

 

 

Karen estaba sentada al borde de la cama, disfrutando de la luz de la luna que entraba por la ventana. Quizás por ser la única luz en la habitación, la luz lunar le resultaba especialmente deslumbrante.

 

 

—Pensé que no iba a recibir el dinero prometido desde que supe que el anciano había fallecido, pero por suerte, su mayordomo vino y se encargó de todo. A juzgar por tu expresión, supongo que no tenías ni idea.

 

 

|El abuelo ya sospechaba de mí…|

 

¿Desde cuándo empezó?

 

Quizás fue cuando David, haciéndose pasar por Luis, visitó la mansión Cullen.

 

Incluso en el momento en que esa duda se convirtió en certeza, Jude Cullen arriesgó su vida para creer en ella, como si realmente creyera que elegiría por el bien de Arthurus.

 

Karen recordó la llamada de Arthurus, quien le dijo que no podía volver a casa ese día porque el trabajo se estaba alargando.

 

Sería mejor que no regresara esta noche. Si veía su rostro, no podría ocultar este sentimiento pesado y doloroso.

 

No, quizá habría soltado todo y confesado la verdad.

 

Karen acarició suavemente el espacio vacío a su lado en la cama.

 

No quería verlo, pero a la vez quería verlo.

 

Las emociones contradictorias chocaban constantemente.

 

Por mucho que intentara disimular, sentía el mismo impulso cada día. ¿Debería decirle la verdad a Arthurus?

 

Aunque la matara, aunque no pudiera perdonarla y la despreciara,

 

Si tan solo dijera la verdad…

 

Ojalá pudiera evitar situaciones en las que pudiera resultar perjudicado.

 

|No, entra en razón.|

 

Karen retiró la mano del espacio frío y vacío que tenía al lado y se puso de pie. Luego caminó a paso ligero hacia el vestidor. Con manos temblorosas, encendió la luz, abrió el cajón de la cómoda y sacó la caja que había dentro.

 

Observó cierta foto dentro y no apartó la vista de la persona que aparecía. Porque había huido de la realidad, porque no había cumplido bien con su misión, se obligó a no desviar los ojos de la imagen de Nina torturada.

 

Tan solo mirar era doloroso, pero apartar la mirada significaba hacer la vista gorda ante el sufrimiento de Nina.

 

|Si elijo a Arthurus, Nina morirá.|

 

Al igual que su hermano menor, que terminó enfermo y murió sin que ella pudiera siquiera ver su rostro, resentido con su hermana incompetente.

 

Nina también podría morir así.

 

Porque se convirtió en alguien en quien pudo apoyarse en lugar de su hermano.

 

Simplemente por ser alguien cercano a ella.

 

El telón ya se ha levantado y no hay escaleras para descender. No le quedaba más que bailar hasta el final de la obra, tal como ellos querían.

 

(Becky: Se viene, gente, se viene).

 

 

* * *

 

 

El tiempo pasó volando.

 

Durante ese período, la vida cotidiana de Karen fue monótona. Por las mañanas iba al ballet con los perros; después de los ensayos, bajo el pretexto de citas, entraba y salía de la compañía de Arthurus.

 

La información obtenida con ese modus operandi era enviada secretamente por correspondencia al barrio rojo

 

Arthurus tenía frecuentes salidas por trabajo, así que cada vez que Karen visitaba la empresa, él no estaba. Para ella, que debía sacar información de allí, eso resultaba conveniente.

 

Después de las citas, regresaba a casa, paseaba a los perros y luego…

 

En fin, los días transcurrían tranquilos. Su relación con Arthurus parecía estable. Pero, por alguna razón, Karen sentía que cada día caminaba por una cuerda floja con él, una situación cada vez más precaria con el paso de los días.

 

Hasta que un día, la casa estuvo animada por primera vez en mucho tiempo.

 

Era el día de la presentación, los invitados eran colaboradores cercanos a Arthurus y a Jude Cullen, además de otras figuras importantes.

 

Y Karen era el personaje principal que tenía que subirse al escenario en esa reunión.

 

Tenía que alistarse para la actuación y Arthurus tenía que terminar algunos asuntos en la empresa, así que los dos se levantaron temprano por la mañana y comenzaron a prepararse para salir.

 

Arthurus, que no había vuelto mucho a casa por estar ocupado, estaba notablemente más callado de lo habitual.

 

Se sentía incómoda cada vez que él permanecía en silencio, absorto en sus pensamientos, o la miraba fijamente. Su silencio y su mirada muda eran difíciles de soportar, aun sabiendo que mostrarse incómoda solo despertaría sospechas.

 

Incluso ahora, este tiempo silencioso dedicado solo a prepararse para salir juntos era difícil de aguantar. Normalmente, por muy apurado que estuviera, Arthurus siempre le tomaba el pelo cada vez que sus miradas se cruzaban. Quizás por eso la situación actual le parecía tan extraña.

 

Tal vez estaba mucho más ocupado de lo habitual y no tenía margen para hacerlo…

 

Karen, que había terminado de arreglarse primero, se colgó el bolso al hombro y se acercó con cuidado a Arthurus, que se estaba anudando cuidadosamente la corbata.

 

—¿Podrás llegar a la recepción a tiempo?

 

Era una pregunta inútil. Era imposible que Arthurus, meticuloso con los asuntos oficiales, llegara tarde a una evento organizado por él mismo.

 

Ante sus palabras, Arthurus terminó de arreglarse la corbata y la miró. Pronto, una sonrisa se posó en su rostro antes inexpresivo, y se acercó para darle un breve beso en la mejilla.

 

—¿Cómo iba a atreverme a llegar tarde al escenario donde la señorita Karen es la estrella?

 

Después, pasó rápidamente por su lado y se puso la chaqueta. Pero aquella breve sonrisa y broma ayudaron a aliviar, aunque solo fuera un poco, la ansiedad infundada de Karen.

 

—Ya sabes que no lo digo por la hora de mi presentación; tienes que llegar antes de que lleguen los invitados.

 

Estrictamente hablando, el evento de hoy era una fiesta acompañada de una función. Karen también debía recibir a los invitados junto a Arthurus antes de subir al escenario.

 

Arthurus soltó una risita ante su queja. Cuando ella entornó los ojos al oírlo, él le acarició suavemente el ceño fruncido.

 

—Viéndote regañarme así, luces como una duquesa maravillosa.

 

Karen lució un poco desconcertada por la palabra “duquesa”.

 

Pensándolo bien, su relación parecía haber ido más allá de ser simplemente de un compromiso.

 

Aunque nunca celebraron una ceremonia formal, contaban con la aprobación de Jude Cullen y habían comenzado a salir con la intención de casarse, por lo que prácticamente era un compromiso matrimonial. Además, vivían juntos y Karen ahora participaba activamente en las tareas del hogar.

 

No sería extraño decir que se trataba de un compromiso, o algo más.

 

—¿No crees que ya es hora de que me des una respuesta?

 

Desde el día en que le propuso matrimonio, Arthurus nunca la había presionado.

 

Por eso Karen pensó que él lo había olvidado.

 

Aquel suceso tan poco romántico que apenas podía llamarse una propuesta.

 

—Creo que hemos mantenido esta relación de comprometidos durante bastante tiempo.

 

—…Solo un poquito más.

 

No podía casarse mientras lo estaba traicionando.

 

De hecho, Karen ni siquiera podía decidir el matrimonio por voluntad propia. Todo requería la aprobación de Kustia.

 

Y aunque esa aprobación llegara, Karen no tenía ningún deseo de casarse con él.

 

Llegar al extremo de casarse con él solo para usarlo. Estaba lejos de ser romántico, e incluso era cruel.

 

—Por ahora, quiero terminar esta fiesta… No, esta  función, sin problemas.

 

—…

 

—Ha pasado un tiempo desde que no subo a un escenario y tengo miedo de cometer algún error. Ahora mismo, no puedo pensar en nada más que en la presentación.

 

Acturus escuchó en silencio y luego asintió.

 

—Que sea así.

 

Y entonces, como siempre, respetó su opinión. Ese era un aspecto de él que le gustaba, pero nunca le había parecido tan tranquilizador como en ese momento.

 

Arthurus, que había estado observando atentamente el rostro de Karen, sonrió levemente y habló en un tono juguetón.

 

—Si crees que vas a cometer un error, dímelo ahora. Te perdonaré.

 

—¿Quién entra a una actuación esperando equivocarse?

 

—Entonces, si hasta ahora has cometido algún error, ¿me lo dirías con sinceridad?

 

Aunque Arthurus era cariñoso, a veces podía gastar bromas traviesas.

 

|Está bromeando ahora también, ¿verdad?|

 

La sonrisa en su rostro lo demostraba. Sin embargo, Karen sintió que la ansiedad, que apenas había disminuido, volvía a recorrer su cuerpo.

 

Tragó saliva con dificultad y forzó una sonrisa mientras preguntaba.

 

—¿Por ejemplo?

 

—Mmm… ¿Como reunirte con otro hombre a mis espaldas?

 

—…De verdad…

 

Sin darse cuenta, Karen levantó la mano, con la intención de calmarse, y golpeó ligeramente el pecho de Arthurus.

 

—Eso nunca ha pasado.

 

Respondió con un tono altivo y se dio la vuelta, dispuesta por fin a salir.

 

—De verdad.

 

Pero antes de que pudiera dar unos pasos, la suave voz de Arthurus la detuvo de nuevo.

 

—Si me has hecho algo malo, no lo ocultes hasta el final; dímelo primero.

 

—…

 

—Si lo haces ahora, te perdonaré sea lo que sea.

 

Él seguía sonriendo de forma juguetona y arrugó ligeramente el puente de la nariz.

 

—Porque ahora mismo estoy profundamente enamorado de cierta bailarina hermosa.

 

Karen negó con la cabeza en respuesta.

 

—Esa hermosa bailarina detesta a los hombres desconfiados.

 

—Entonces hagámoslo esto.

 

Justo cuando pensó que dejaría de bromear, Arthurus susurró de nuevo, con una sonrisa extraña aún en los labios.

 

—Si al final descubro que sí… mejor miente.

 

—Si ya lo descubriste, ¿de qué serviría mentir?

 

Karen ladeó la cabeza y sonrió con incomodidad, pero Arthurus no detuvo esa conversación tan peculiar.

 

—Aun así, hazlo.

 

—…

 

—Creeré todo lo que digas.

 

La conversación ya empezaba a sentirse asfixiante. Además, ya era hora de darse prisa para salir.

 

—Nos vemos luego, Arthur.

 

Con un beso cariñoso en la mejilla, dio por terminada la broma y giró el pomo de la puerta. Ya estaba bastante acostumbrada a llamarlo por su apodo o por su nombre.

 

Y cada vez, Arthurus sonreía dulcemente.

 

Como no volvió la vista atrás al salir, ella no lo supo.

 

No supo que el rostro de Arthurus, mientras observaba la espalda de su novia alejándose del dormitorio, estaba gélido.

 

—De verdad…

 

Murmuró en voz baja, inclinando la cabeza con una sonrisa.

 

—Qué lástima, Karen Shanner.

 

Su primer encuentro.

 

El tiempo,

 

Los recuerdos.

 

TODO.

 


 

Becky: Quiero llorar, y si mi intuición no me falla, debe ser en el siguiente o dentro de 2 capítulos que se destapa la olla. Ya con esta conversación Karen debía darse cuenta de que él lo sabe todo y tendría que haber confesado y pedir perdón T.T

 

En fin, hola de nuevo. Aprovecho esta mini actualización durante el almuerzo para disculparme por mi ausencia de casi todo el mes de diciembre: muchas actividades, trabajo, intercambios navideños, regalos, familia, comida, etc. Realmente he terminado agotada, una panza hinchada y con los bolsillos vacíos xd

 

Como pueden notarlo, ya casi estamos en la recta final de la novela. Me he propuesto terminar de traducirla este mes; aprovechando que es un nuevo año y estamos con las resoluciones frescas 🫣.
Así que abróchense bien los cinturones y acompáñenme hasta el final. ¿Cuál creen que sea el desenlace? Yo les digo, con lo poco que leí del capítulo final, que no es lo que esperan. ¿Habrá final feliz? ¿Será trágico? ¿Será agridulce? Los leo en los comentarios.

 

Feliz navidad y feliz año nuevo atrasados, que este año se cumplan muchas de nuestras resoluciones. acompañadas de salud y prosperidad 🌻

 

P.D.: ¿Qué prefieren, que suelte todos los capítulos de golpe hasta el final? ¿O que sean actualizaciones semanales de 5 a 10 capítulos?

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