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El lugar donde se quebró la rosa dorada - Capítulo 91

Episodio 91

 

 

El sonido metálico de una larga cadena arrastrándose y chocando resonó varias veces. Karen, aun sabiendo que era inútil, tensó una y otra vez las muñecas esposadas para liberarse de la sujeción al pilar.

 

Aunque hiciera algo así, la cadena no iba a romperse.

 

En realidad, aquello era una forma de autolesión. Al no tener otra manera de expresar su sufrimiento, se estaba atormentando a sí misma.

 

No tenía intención de huir.

 

Ya estaba hasta el límite.

 

La situación de vacilar entre la persona que debía proteger y la persona que deseaba proteger.

 

La situación de no poder dejar de traicionar, aun mientras se ahogaba en la culpa.

 

La situación de enfrentar a Arthurus, que sin saber nada la miraba con unos ojos llenos de afecto.

 

Todo eso.

 

Ella siguió tirando con fuerza de las esposas, sus muñecas, enrojecidas tras pasar dos días con ellas puestas, terminaron magulladas.

 

—¡Señorita!

 

Lena, que había abierto la estantería y entraba cargando una bandeja con comida, se sobresaltó al ver un fino hilo de sangre fluyendo de las muñecas de Karen y se acercó con prisa.

 

—¿Por, por qué hace algo así?

 

Ocuparse de la alimentación de Karen, que llevaba dos días sin probar bocado, o curarle las heridas.

 

Dudando sobre cuál de las dos priorizar, encontró rápidamente el ungüento y lo sacó. Sin embargo, Karen se negó a recibir tratamiento para su herida. Tal como se había negado a comer durante dos días,

 

—Si no cuido bien de usted, me meteré en problemas…

 

Intentó forzarla a aceptar el tratamiento apelando a su frágil corazón, pero Karen no mostró ninguna reacción.

 

Ahora parecía alguien incapaz de aceptar siquiera una conversación o un intercambio emocional con otra persona.

 

Al final, Lena tuvo que renunciar no sólo a hacer que Karen se alimentara sino que también a curarle sus heridas.

 

Cuando el duque trajo a rastras por primera vez a su amada prometida, la mayoría de los sirvientes simplemente asumieron que habían tenido una pelea seria.

 

Pero cuando transfirió a todos los sirvientes, excepto a los de su absoluta confianza, a un ala separada; cuando cortó todo contacto con el mundo exterior y la confinó en un espacio secreto; y cuando fue mencionada en un artículo sobre espías capturados en una nación aliada.

 

No era apropiado especular a la ligera sobre los asuntos de los señores, pero podían imaginar, a grandes rasgos, qué tipo de situación se estaba desarrollando.

 

No creían que Karen fuera realmente una espía.

 

Solo suponían que, al menos, podía haber algún problema entre el duque y ella.

 

—Como sé que no va a comer aunque lo deje aquí, me lo llevaré por ahora. En su lugar, prepararé una comida bien caliente para la cena, así que en ese momento debe hacerlo, ¿si?

 

Lena se lo pidió con vehemencia. Pero Karen solo permaneció desplomada, con la cabeza gacha y la mirada vacía. No se sabía siquiera si la estaba escuchando.

 

Tragándose un suspiro, Lena volvió a arrastrar la bandeja hacia afuera a través de la estantería.

 

Clinc. La enorme estantería emitió un sonido sordo cuando la doncella salió, ocultando a Karen en una habitación completamente sellada.

 

 

* * *

 

 

Tradicionalmente, las mansiones de los nobles con una larga historia se diseñaban con pasadizos y habitaciones secretas para para casos de guerra o de intrusión de asesinos. Arthurus, inspirado en los espacios secretos de su propia mansión, construyó un espacio similar en su compañía.

 

Puede que Karen conociera la habitación secreta detrás de la estantería en la compañía, pero no tenía ni idea del espacio oculto detrás del despacho en la mansión ducal. Por eso lució tan sorprendida al verlo deslizar la estantería.

 

 

—Para ser una espía que se acercó con la intención de apuñalarme por la espalda,  fuiste bastante torpe, ¿no?

 

 

Ella ni siquiera opuso resistencia cuando le pusieron las esposas.

 

 

—Ni siquiera sospechaste que el espacio secreto en la compañía también existiría en la mansión. Qué ingenua.

 

 

Ni ante aquellas palabras abiertamente burlonas ella presentó la menor protesta.

 

Como alguien que había decidido cargar con todo…

 

No, no era eso. Era más bien…

 

Parecía una persona que había renunciado a vivir. 

 

Durante un largo rato, Arthurus permaneció sentado en su escritorio, sin comprender, evocando la figura de Karen.

 

—…¡Arthurus!

 

En ese momento, frunció el ceño ante la voz enojada que atravesó sus tímpanos como una cuchilla afilada.

 

—Dime la verdad. ¿Dónde está Karen?

 

Tal vez porque le habían negado la entrada cuando llegó a la mansión, el mayor Skyborough llegó a la compañía esta vez sin previo aviso.

 

—No entiendo por qué insiste tanto en obsesionarse con mi prometida.

 

Le respondió con desgana mientras leía unos documentos. A pesar de su evidente cansancio y su negativa a ofrecerle siquiera un refrigerio, el rostro del Mayor Skyborough reflejaba preocupación genuina por él.

 

—La opinión pública no es favorable.

 

—Lógico. Usaron a Karen como cebo a propósito.

 

Angélica, localizado por Arthurus, fue finalmente entregado al ejército. Tras someterlo a torturas, reveló información impactante, que posteriormente se filtró. Se descubrió quién era el legislador que le había estado filtrando información ultra confidencial.

 

Para encubrir su propio escándalo, dicho parlamentario decidió incluir en la información a Karen, la prometida del héroe nacional de Gloretta, alabada como la nueva rosa dorada.

 

Aunque Angélica se suicidó sin revelar el nombre de Karen, para el parlamentario la verdad no tenía importancia. Solo le interesaba tapar su sucio escándalo con más rumores sensacionalistas.

 

Aprovechó el hecho de que en los países aliados había personas que estaban en una posición similar a la de Karen y que habían resultado ser espías de Kustia.

 

De tal manera que la gente malinterpretara que Karen también era una espía, o al menos se inclinara a imaginarlo así.

 

…Por supuesto, Karen sí era una espía de Kustia.

 

—Si Karen no se deja ver, la imaginación de la gente no hará más que crecer.

 

—Precisamente para que la especulación no se dispare es que la estoy ocultando.

 

Al ver que el mayor Skyborough seguía sacando a colación a Karen, Arthurus terminó reaccionando con irritación.

 

—Si desaparece por completo y es olvidada por la gente, las fantasías creadas en sus mentes por esos artículos sensacionalistas también se apagarán pronto.

 

Sería aún mejor si pudiera aparecer otro artículo escandaloso para redireccionar la atención.

 

Con la evidencia destruida, no quedará nada para demostrar que Karen es una espía.

 

Madame Bornet murió y Angélica se suicidó después de soportar torturas sin revelar el nombre de Karen hasta el final.

 

Ahora solo quedaba “Luis Shanner”. alguien de quien ni siquiera se sabía si era o no el verdadero hermano menor de Karen…

 

Si se deshace de ese tipo, no habrá evidencia ni testigos en ningún lugar sobre ella siendo una espía.

 

—Hasta entonces, lo único que deseo es protegerla de las miradas llenas de sospecha de la gente.

 

—¿Y aun así es necesario ocultármela incluso a mí?

 

—Entre las personas que podrían herirla, usted también está incluido, mayor.

 

—…Oiga, usted.

 

—¿No sigue sospechando de Karen?

 

—…

 

El mayor Skyborough apretó los labios con fuerza. No podía decir una mentira piadosa negándolo.

 

Era totalmente comprensible que Arthurus protegiera tanto a Karen. Si se tratara de él, también habría hecho cualquier cosa para proteger a su esposa.

 

Así que el comportamiento actual de Arthurus no era, en sí, problemático.

 

Pero el mayor tenía una intuición persistente. Como plebeyo, había sido relegado frente a otros nobles y su ascenso se había visto retrasado, pero había servido durante largo tiempo al país como soldado, y poseía ese instinto casi inquietante que se forja con los años.

 

Sentía que debía ver a Karen con sus propios ojos y confirmarlo.

 

Y como dijo Arthurus, eso en sí ya era una sospecha, así que era natural que no quisiera llevarlo con Karen. Sin embargo, no podía echarse atrás fácilmente.

 

—Ya he capturado a dos espías y he demostrado mi lealtad al país.

 

—…

 

—Me resulta repugnante que se sospeche de la mujer que será mi esposa.

 

Si Arthurus afilaba así sus palabras…

 

El mayor ya no podía tratar a Arthurus como a un amigo cercano.

 

—Sí, capturaste a dos espías. Y en ambos casos, sin informar al ejército, actuando por tu cuenta.

 

—¿Insinúa que debía haberle dado aviso primero al ejército?

 

—¡Por supuesto!

 

—No me pareció muy confiable informar a una organización que obedece las órdenes de un parlamento al que pertenece alguien que se excita con hombres disfrazados de mujer.

 

—¡Arthurus!

 

La voz furiosa del mayor Skyborough tenía el poder de congelar a su interlocutor. Pero Arthurus permaneció imperturbable. En cambio, le lanzó una fría advertencia, a pesar de haber mantenido una estrecha relación desde hacía mucho tiempo.

 

—No vuelva a sospechar de Karen.

 

—…

 

—La próxima vez no me quedaré quieto y de brazos cruzados.

 

El mayor le sostuvo la mirada durante largo rato, con los ojos temblorosos.

 

—…Solo recuerda esto.

 

Antes de salir por la puerta, dejó caer una última frase, con la voz aún temblando levemente porque la ira no se le había calmado del todo.

 

—Mi decepción hacia usted, duque Kloen, es enorme.

 

El mayor abrió la puerta y se fue.

 

¡Bang! La puerta se cerró con un fuerte portazo.

 

Quedándose solo, Arthurus dejó escapar un suspiro bajo.

 

Por Karen, perdió a su abuelo.

 

Por Karen, perdió a quien había sido en su día un camarada respetable.

 

Lo correcto habría sido denunciarla ante el gobierno…

 

Y, sin embargo, por ella, estaba traicionando al país al que había sido leal durante tanto tiempo.

 

Aunque sabía que todo se estaba torciendo, no podía detenerse.

 

Porque para volver al camino correcto tendría que entregarla al gobierno como espía.

 

Tendría que dejarla ir.

 

Sin saber siquiera por qué razón se aferraba tanto a ella, Arthurus no iba a soltarla ahora.

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